lunes, 5 de enero de 2015

Oh, su voz.

Capítulo VII

Ya estábamos a mitad de marzo y todo iba normal. Mi ánimo ha mejorado considerablemente y he decidido salir con Michael. Darle una oportunidad y ver qué pasa. Con Michael los días pasan muy rápido y me siento bien. Adrien sigue buscándome cada vez que se lo pido, incluso cuando no. Hablamos cosas de sus hijos y de su esposa. Al parecer tiene una familia bien compuesta y es feliz. Me alegro por él. Es un buen hombre y se lo merece. Me cuenta como conoció a Johnny y cómo él ayuda a su familia económicamente. Son muy amigos.
Yo no le cuento muchas cosas a Adrien. Al menos no de Michael y de las salidas con mis amigos, aunque a veces se entera, y no sé cómo.
-          - Johnny quiere comunicarse con usted. ¿Puedo darle su número? – Me pregunta Adrien cuando me despierta de mis pensamientos. Abro mucho los ojos. ¿Johnny? No sé qué decir.
-          - Claro… claro que puedes darle mi número – Le digo sin creer lo que estoy escuchando.
-          - Muy bien, se lo daré hoy y probablemente en la tarde, él la llame – Me dice mientras sigue manejando. Yo asiento y no digo nada. No puedo decir nada. ¡Dios! Quiero que sea de tarde.

El día ha ido sin incidentes, sin contar con mi claro nerviosismo y por mis ganas de gritar. Converso con Michael, pero me cuesta escucharlo. En la universidad no andamos de la mano ni estamos acaramelados. No somos así. Cuando salimos juntos, eso cambia.
-         -  ¿Estás bien? – Me pregunta Lily mientras vamos a clases de Estadísticas. La miro con rapidez.
-         -  ¿Por qué no habría de estarlo? – Le pregunto con una sonrisa. Ella arruga la nariz y duda.
-          - No lo sé, eso quiero saber – Me dice y me río.
-         -  No pasa nada. Vamos a clases – Le digo tirándola del brazo.
Ya son las 5. Mierda. Corro por el pasillo y salgo en busca de Adrien. Veo el auto negro y entro.
-          - Buenas Tardes, señorita. ¿Cómo le ha ido? – Me pregunta cuando la puerta se cierra.
-           Muy bien, Adrien, ¿y a ti? – Pregunto con entusiasmo.
-          - Bien también, gracias. ¿Nos vamos? – Me pregunta y yo asiento. Miro por la ventana y la música de Mozart comienza a sonar.
Llegamos a eso de las 5.40 a mi departamento y nos despedimos. Es miércoles y mi cara de felicidad es como de día viernes.
Me tomo una cerveza tras otra. Son las 8 de la noche y siento que todo me da vueltas. Estoy literalmente tirada en el sillón y estoy a punto de llorar. El alcohol me está haciendo efecto. Mi celular suena. Lo busco con torpeza entre mis bolsillos y lo veo en el suelo. Lo agarro y quedo sentada en el suelo, apoyada en la parte baja del sillón.
-          - ¿Aló? – Pregunto sin saber cómo. Tengo los ojos cerrados y me duele la cabeza.
-          - ¿Estefanía? – Me pregunta una voz muy familiar. No sé quién es.
-          - Soy yo – Le digo - ¿Quién. Eres. Tú? – Pregunto con dificultad.
-          - Soy Johnny. Cariño, ¿estás bien? – Oh, su voz. Por un momento creo que recobro el sentido y me pongo a reír como estúpida.
-          - ¡Johnny! Oh… Johnny, Johnny, Johnny – Digo muchas veces, saboreando su nombre.
-          - ¿Has bebido? – Pregunta alarmado – Mierda, ¿Estefanía, dónde estás? – Me pregunta furioso. Yo río. Oh, está preocupado. Me río y me río.
-          - Adrien. Sabe. Llegar – Le digo mientras me da hipo.
-          - Voy para allá. No te muevas – Me dice y me cuelga. Oh, Johnny enojado, furioso. Qué sexy y qué espectáculo. No aguanto más y me duermo. He bebido mucho.
Son las 10 de la noche y estoy en mi cama, sola. Desde la cocina se ve una luz encendida y no entiendo nada. Oh, mi cabeza. Carajo. Siento que va a explotar. Siento pasos.
-          - Cariño, debes dormir – Me dice Johnny con voz suave. Me acaricia el pelo y yo casi no puedo abrir los ojos. Es real. De verdad está aquí. Sonrío como una boba y le acaricio su mano torpemente.
-          -  Ven. Aquí – Le digo indicando el otro lado de mi cama. Johnny sonríe y me acerca una pastilla junto a un vaso con jugo.
-          - Antes, toma esto – Susurra y le obedezco. ¿Es jugo natural? Lo bebo y lo compruebo. ¿De dónde ha sacado Johnny naranjas? – Con eso se te quitará el dolor de cabeza y podrás dormir bien – Me dice con voz ronca. Oh, su voz. La extrañaba. Sonrío estúpidamente otra vez y él me sigue acariciando el pelo y la cara.
-          - Ven – Le repito con los ojos entreabiertos y le paso el vaso. Él lo recibe y camina hacia el lado de la cama que le indico. Se acuesta y me acerca a su pecho. Mierda, huele muy bien. Me acurruco y me besa el pelo.
-         -  Descansa, preciosa – Me dice y caigo en un sueño profundo.
Me despierto a las 7.30 de la mañana. ¡Es muy temprano! A mi lado no hay nadie y por un momento, creo que lo de anoche fue un sueño. Verifico el vaso de jugo y no está. ¿Imaginé todo lo de anoche? Estoy muy mal.
Me quedo en la cama con los ojos tapados por mi brazo. Respiro hondo muchas veces. Hago una inspección de mi cuerpo. ¿Mi cabeza? No me duele. ¿Los brazos y piernas? Están bien. ¿Siento frío? No, estoy bien tapada y tengo un pijama grueso. ¿Un pijama grueso? ¡Qué cara…!
-         -  Hola – Me saluda Johnny desde el umbral de la puerta. Va vestido con unos vaqueros gastados y una camisa color café. Tiene una chaqueta de cuero del mismo color y su pelo está desordenado. Oh, no lo soñé.
-          - Estás aquí – Le digo mientras me reincorporo, apoyando mi cabeza en la almohada. Johnny sonríe y se acerca. Se sienta a mi lado y me arregla un mechón de pelo que tengo en mi cara.
-          - No me iba a ir – Me dice con voz ronca y sexy. Cierro los ojos y sonrío - ¿No te duele nada? – Me pregunta preocupado.
-          - No. Estoy perfectamente. ¿Qué pasó anoche? – Le pregunto avergonzada.
-          - Bebiste demasiado. Te llamé y no sabías quién era. Creí que te habías olvidado de mí hasta que llegué y te vi en ese estado, acostada en el sillón. Te traje aquí, te puse pijama y te preparé jugo de naranja. Lo mejor para la resaca – Me dice y hace una mueca de desaprobación - ¿Por qué lo hiciste?
-          - No lo sé. Simplemente me parecía raro que me llamaras – Dije mirándolo. Johnny me toma la mano.
-         -  Te dije que no te ibas a liberar de mí – Me dice en tono de advertencia. Sonrío ante su contacto y me acerco a su pecho para abrazarlo.
-          - Gracias por todo – Le susurro despacio. Johnny me acerca a él.
-          - Aquí estoy. He vuelto – Me dice con voz suave. ¡Ha vuelto! Oh, extrañaba tanto estar con él. Me separa un poco y me mira con ojos brillantes.
-         -  Debes ir a clases hoy – Me dice y yo hago un gemido. ¡No quiero!
-          - No… hoy no – Le dije mientras caía encima de la cama. Johnny niega con la cabeza.
-          - No dejaré que faltes. Debes ir. No me iré – Me dice con una sonrisa y sabe que esa es mi preocupación. Lo miro atenta.
-         -  ¿Cómo sé que no te irás? – Le digo con preocupación. Johnny se pone encima de mí y me mira desde arriba. Quiero que me bese. Quiero besarlo.
-          - No me iré a ningún lado. No de nuevo – Dice con un dolor notable. Siento lo mismo cuando escucho su voz y asiento. Tengo que creerle. ¿Qué más podía hacer? – Estaré aquí a eso de las 6.
-         -  Está bien – Le digo con voz tranquila. Él sonríe y me besa la mejilla. ¿No habrá beso en la boca? ¡Ah!
-          - Ven, tu desayuno está servido – Me dice y me da la mano para levantarme.
Me lleva a la mesa que tengo en el comedor y veo que está lleno de cosas ricas. Hay jugo de naranja, hay yogurt con cereal, hay té y café, hay galletas de muchos sabores y hay pan con mermelada. Wow, ¿Cómo preparó todo esto? Mi estómago comenzó a rugir.
Se sentó junto a mí mientras tomaba café. Sus ojos no se perdían de ninguno de mis gestos. Masticaba un pedazo de pan y me miraba. Me ponía nerviosa, pero no tanto para dejar lo que estaba haciendo. Bebí jugo. Oh, qué delicia.
-          - Tenías hambre – Me dice con una sonrisa. Yo asiento y me río – Me gusta verte comer – Me dice mientras me limpia los restos de galleta que quedaron en mi boca. Me quedó sonriéndole como una tonta y su celular suena. Lo saca rápidamente y contesta.
-          - Depp. No, no es necesario. Sí, no hay problema, estoy allá en 30 minutos. Adiós – Dice y cuelga. Bebe de su café.
-          - Para llegar a las 6 aquí, tengo que irme ahora. ¿Está bien? – Me pregunta y yo asiento. No hay nada que podía decirle o que podía hacer. Ya estaba feliz con su visita y con su regreso. No quería arruinarlo – Se acerca para besarme la mejilla y yo lo detengo. Me levanto y lo miro. Me acerco y le beso la boca, con un beso casto pero tierno. Johnny cierra los ojos y hace lo mismo por unos pocos segundos. Me separo de él y noto su expresión. Sonríe y me acaricia la mejilla derecha.
-          - Nos vemos, nena – Me dice y se acerca a la puerta – Adrien vendrá a la misma hora de siempre. Yo me voy en otro auto, para que no te atrases – Y asiento sin decir nada. Él sonríe y abre la puerta. Va con lentes oscuros y con un sombrero de color gris. Sale por la puerta y se va. Yo me quedó parada un rato ahí, sin creer lo que acaba de pasar. Oh, estoy tan feliz.
Termino mi desayuno y salgo a la hora correspondiente. William se me queda mirando con la boca abierta.
-         -  ¿¡Viste quién salió hoy de aquí!? – Me pregunta en voz baja. Al parecer, Johnny le dijo algo.
-          ¡¿Quién?! – Le pregunto emocionada pero con el mismo tono de voz.
-          - Johnny Depp – Me dice despacio y yo río - ¿Ya lo sabías?
-          - Algo me contaron – Le dije sin tomarle importancia. Me despedí de él y salí en busca de Adrien.
-          - Buenos días, señorita – Me saluda Adrien – La veo feliz hoy.
-          - No puedo negártelo, estoy muy feliz – Le digo y partimos.
Casi habíamos llegado cuando me acordé de la tarea que debía entregar para la clase de Literatura Universal. Mierda.
-         -  ¿Adrien, tienes el diario de hoy de hoy que me puedas dar? Necesito hacer un trabajo – Le digo mientras estaciona.
-         -  Sí, tengo este. Es de ayer, espero que igual le sirva – Me dice, entregándomelo. Yo sonrío y respiro con alivio.
-          - Gracias Adrien. Sí me sirve – Le digo y bajo del vehículo.
Me encamino hacia la puerta y me encuentro con Jorge, Lily y unos compañeros de clase. Todos vamos a la misma hoy. Nos saludamos, conversamos y hoy sí que estoy entusiasta.
No he visto a Michael en todo el día. Oh, pobre Michael. No puedo engañarlo más. Con la llegada de Johnny, todo se ha vuelto más visible y no tan borroso como antes. No quiero hacerle daño.
A eso de las una de la tarde, Johnny me manda un mensaje de texto.

Qué buena manera de despedirse esta mañana, señorita Silva. Espero que le esté yendo muy bien.
Johnny.

Me ruborizo y me río. ¡Oh, Johnny! Me despediría todas las mañanas así de ti.

Para mí es un placer. Ojalá esté bien, señor Depp. Lo extraño.
Estefi.
Y guardo mi celular para entrar a clases.
Eran las 3 de la tarde y saqué el diario que necesitaba para el trabajo. Nos pidieron que buscáramos una noticia y la redactáramos con pistas bases que nos dio la profesora Singer. Buscaba y buscaba y ya tenía algunas opciones, hasta que apreció algo que al leerlo, me quedé helada.

 Johnny Depp con ¿Problemas en el trabajo?
Al parecer, hasta las estrellas tienen problemas de puntualidad y de organización con sus asistentes y colaboradores.
Podemos ver que Johnny Depp no es la excepción de esto. Fuentes cercanas al actor, informan de que estaría sin ganas de grabar su nueva película. Llegar tarde a las grabaciones ya es pan de cada día.
¡Qué mierda! ¿Esto es en serio? Seguí leyendo.
Un recorte con una foto de él era el que le seguía a este. Mi respiración de agitaba. Estaba nerviosa, cómo si un examen sorpresa viniera ahora y del cual me vengo a enterar hoy. Pero ya ni los exámenes me importaban demasiado. La profesora seguía dando las indicaciones, y yo me perdía leyendo esta basura.

Johnny Depp aproblemado, ¿El actor extraña a alguna mujer?
No es nada nuevo que Johnny Depp sea un imán de mujeres, pero sí es nuevo que tenga problemas en su diario vivir gracias a éstas. Trabajadores que lo ven a diario, aseguran que no es el mismo de antes. Llega tarde a los ensayos y peor aún; Cabizbajo casi todo el tiempo.

Y más noticias así seguían. ¿Problemas gracias a éstas? ¿De verdad yo era un problema? O tal vez… ¿Otra lo era? Si así era, no tenía ni el mínimo de los derechos para pedirle explicaciones, pero si yo fuese el problema, nunca imaginé  y nunca hubiera querido que esto le afectara de tal manera. Johnny no es una persona egoísta, y bien sabía que yo sería incapaz de ventilar lo nuestro. Me sentí mal.
Terminé el trabajo lentamente y casi de las últimas. Oh, pobre Johnny. Ya quería llegar a casa y abrazarlo.

-          - ¿Michael no vino hoy? – Le pregunto a Clare, una compañera de clase. Ella arruga la frente, pensando y niega con la cabeza.
-          - No lo he visto en todo el día – Me asegura. Le agradezco y comienzan las clases. La última hora siempre es la más tediosa.
A las 5.20 de la tarde, salimos. Nos dejaron dentro por 20 minutos más para que termináramos un trabajo grupal que debíamos entregar de inmediato.
A la salida, Lily me estaba esperando para despedirse.
-          - Qué raro que Michael no te avisó que faltaría – Me dice Lily. Ella tampoco sabía nada de él. Estaba preocupada.
-         -  Sí, muy raro… lo llamaré cuando llegué a casa – Le digo y nos despedimos. Ella iba a salir con Jorge, así que subí las cejas y ella se puso roja. Estaba muy feliz.
Llegué a eso de las 6 a mi casa y Johnny aun no llegaba. Adrien me contó que estaba en una entrevista para una revista. Yo lo entendí y subí a mi departamento. No le pregunté acerca de la noticia a Adrien.
William no volvió a tocar el tema de Johnny con nadie más, o al menos eso me decía.
Llegué a mi block y llamé a Michael.
-         -  ¿Michael? – Pregunté y contestó una voz somnolienta.
-         -  ¡Estefi! Lo siento por no avisarte… me quedé dormido hoy y preferí no ir para terminar un puto trabajo de Manualidades – Me dice molesto. Yo sonrío. Michael está bien.
-          - ¿Ya lo terminaste? – Le pregunto.
-          - Ya casi. ¿Qué tal el día? – Me pregunta más contento y por un momento me siento mal. Recuerdo a Johnny, recuerdo el beso, recuerdo sus palabras y el He vuelto resuena en mi cabeza una y otra vez - ¿Aló? – Me pregunta sacándome de mis pensamientos.
-          - Estuvo bien. Normal – Le digo y él hace un gesto de cansancio – Oye, te dejo trabajar, ¿sí? Mañana nos vemos.
-         -  Sí, mañana nos vemos. Cuídate – Me dice y nos despedimos.
Esa tarde, Johnny llega como a las 6.30. Trae chocolate, fruta y comida para cocinar. ¡Cree que soy pobre!
-          - No, no he dicho eso. Pero quiero lo mejor, para la mejor – Me dice y me besa la cabeza. Yo río.
Nos sentamos en el sillón a escuchar música y a conversar. Me habla de la película que está grabando y de las entrevistas que ha tenido que hacer. Habla de una sesión de fotos que se viene luego y de lo avergonzado que está cada vez que le toman fotos. Yo me río. Este es Johnny. Tímido y reservado Johnny. No quiero sacarle el tema del cual leí. ¿O sí quiero? Ah.
-         -  Leí una noticia hoy – Le digo despacio, mientras me incorporo y veo su expresión. Arruga la frente y me mira con interés para que prosiga – Decía algo de que llegabas tarde a los ensayos y que era por culpa de una mujer – Johnny abre mucho los ojos y vuelve a arrugar la frente. Me mira y no sabe qué decir. Agacha la cabeza, se toma el pelo y parece perdido.
-          - Así estaba desde que te fuiste – Dijo en tono suave y demasiado bajo – O mejor dicho, cuando te dejé ir – Se corrige mirando el suelo con una línea seria en su boca.
-          - Pero ya pasó – Le dije mientras le levantaba el mentón como él lo hacía. Johnny sonríe pero su alegría no llega a los ojos y vuelve a formarse una línea recta.
-          - Fueron días malos. De esos días en los que todo te sale mal – Se sinceraba. Pobre Johnny – Habían noches enteras en las que me pasé fumando y bebiendo whisky. Discutí con Josh muchas veces, y con muchos de mis representantes, incluso con mis propios compañeros de reparto. Un día después de grabar, fui hasta el maletín de Josh y rompí los putos papeles del contrato de confidencialidad que firmaste.
-          - Lo siento – Le digo casi en susurro. Johnny se ve enojado y reprimido. Me mira y veo el dolor en sus ojos.
-          - No me pidas perdón. Yo soy el que de rodillas debería hacerlo. No merezco tu compasión ni menos tu perdón- Me dice dolorido. Yo me acerco a él, apretándome contra su pecho y él respira agitadamente – Lo siento, cariño. Lo siento, lo siento…
-          - Ya te perdoné, Johnny. Ambos lo hicimos. Está bien – Le digo para tranquilizarlo. Y así nos quedamos hasta quedarnos dormidos.
Johnny duerme conmigo y siento que estoy en las nubes. Así se pasan los siguientes días, hasta que llega Abril. Johnny llega a eso de las 7 u 8 y se queda conmigo hasta el otro día.
Michael y yo hemos mantenido distancia. Ni siquiera sé quién tomó la decisión de aquello. Dice que estoy rara y puede ser que sea verdad. No sé cómo explicarle los sucesos de este último mes. ¿Cómo lo hago? ¿Qué me dirá? Es obvio que no me creerá.

Era 23 de Abril y la primavera presencia de la primavera se notaba. El aire era fresco, limpio y las flores más hermosas que nunca.
Era jueves y estábamos en horario de almuerzo.
-          - Yo creo que ustedes dos deberían hablar – Decía Lily, mientras Michael comía de su sándwich y yo de mi ensalada con pollo. Lo miraba y él no hacía nada para devolvérmela. Seguía comiendo como si no le interesara. Oh, me sentía muy mal que estuviéramos así.
-        -  ¿O no, Michael? – Preguntó Lily, mientras lo golpeaba con una revista.
-         .  Basta, Lily – Le dije – No sirve de nada que esté obligado – Comenté mientras iba a botar algo al basurero.
Dieron las 5 y Adrien me esperaba.
-         -  ¿Podemos conversar mañana? – Me pide Michael agarrando mi brazo. Yo asiento.
-          - Claro – Le digo y le beso la mejilla. Michael me sonríe y me subo al auto negro.
Llegué a las 5.20 y saludé a William. Él leía un libro nuevo.
Me acerqué al ascensor y apreté el botón. Espero menos de un minuto y entré. Iba en el segundo piso cuando me percaté de que el ascensor se detuvo. Bueno, es normal. No vivo sola. Me extrañé pero luego me hice hacia atrás, para que pasara las o la persona que esperaba el ascensor.
Dos hombres entraron, completamente de negro. Al entrar ellos, preferí salir. Mis latidos se aceleraron a mil por hora al tomar esa decisión. Ellos se colocaron frente a la puerta sin dejar que saliera. Tenían la cara tapada.
-          - ¿A dónde crees que vas? – Musitó uno de los tipos que me agarró el brazo. Me lo apretó con tal vigor que entré para no forcejear más. Oh, mierda.
-          Tenemos un trato para ti, nena – Sentí el énfasis que ponía en esa palabra. Ambos hombres rieron. ¿Johnny?
El hombre que me hablaba me tenía acorralada contra la pared, mientras el otro cuidaba delante de la puerta, procurando que nadie más entrara y arruinara el plan.
-         -  ¿Te trae recuerdos esa palabra? – Claro que me trae recuerdos, carajo. Johnny siempre me la decía, con ese timbre de voz tan varonil y ronco. Oh, mierda, mierda. ¿Estará bien?
-          - Responde linda – Me dijo acercando mi boca a la suya.
-          - Déjame – Le dije haciéndome a un lado.
-          - No te conviene tratarme así, ¿escuchaste? – Me dijo en tono amenazador, al momento de presionar mi cara contra la pared helada. Quedé inmóvil.
-          - Te daré cualquier cosa, pero no le hagas daño – Dije con la voz entrecortada, quejándome.
-          - No le haremos nada a tu actor… siempre cuando, él nos haga caso a nosotros – Dijo riéndose mientras mantenía sujeta mi cara contra la superficie del ascensor.
-          - Disimula – Dijo el hombre grande que estaba en la puerta. El otro que me tenía sujeta contra el frío metal me tomó la mano bruscamente y me obligó a darme vuelta.
-         -  Haz como si estás vomitando – Me susurro. Hice lo que me dijo y comencé a hacer gestos de dolor.
El hombre que cuidaba la puerta, se saco la capucha y mostró su cabello rubio. Era alto y mazciso. No pude verle la cara.
 Una señora con su hijo pequeño iban a entrar en el ascensor, pero el hombre de aspecto mezquino la detuvo.
-          - Mantenimiento, señora. La joven ha vomitado, tenemos que limpiar. Espere el otro ascensor, por favor.
 La señora pareció comprender y no batalló al respecto. La puerta se cerró y antes de que el hombre se volteara, se colocó la máscara negra nuevamente para que yo no lo viera.
Habíamos llegado a mi piso. Carajo. No encontraba mis llaves. ¿Por qué ahora?
-          - Apúrate – Me decía el hombre que estaba a mi lado en el ascensor. Trago saliva una y otra vez y mi respiración es agitada, hasta que las encuentro.
-          - Dámelas – Me dice el hombre, quitándomelas bruscamente de las manos y deslizando las llaves hasta que la puerta se abre – Entra – Me dice apuntándome con una pistola en mi espalda.
Ambos tipos me siguieron hasta dentro y cerraron la puerta cuidadosamente, sin hacer ruido. Queriendo que pareciera todo normal. El tipo alto se mantuvo en la puerta, esta vez mirándome y el otro, era como mi sombra. Me movía y él se movía. Pero esta vez me soltó bruscamente y me tiro en la cama. Comencé a llorar. Tenía miedo, pánico. No sabía nada de Johnny y en cualquier momento, él iba aparecer.
-          - Ah… qué haremos contigo Estefanía Silva – Me decía el tipo sombra. No podía levantar la vista. Simplemente, me era imposible moverme. ¿Qué más sabía de mí? Se acerca y me agarra las mejillas con una mano, lo que obliga a que lo mire - ¡Mírame mierda! – Me grita.
-          - ¿Por qué lloras? – Me pregunta con un tono desagradable. Intento calmarme – Deberías llorar cuando te haga esto – Y ¡Bum! Me da una cachetada muy dolorosa en la mejilla derecha. Oh, dolor, dolor y ahora nada. Dejo de llorar y respiro agitadamente. Este hombre sí que es fuerte, carajo. Me mira y sé que va a golpearme de nuevo cuando levanta la mano.
-          - Por favor – Le digo en tono de súplica. Él baja la mano, arruga la nariz y frunce los labios.
-          - ¿Por favor… qué nena? – Me pregunta y se sienta en la cama, justo a mi lado. Su voz ahora es más suave y yo estoy respirando muy nerviosa – Por favor qué, dije.
-          - Por favor, no me golpees – Le pido sin mirarlo. Oh, idiota, míralo. Se va a enojar más. Lo miro y aun tiene la cara tapada. Solo se ven los labios, la nariz y los ojos. Tiene ojos cafés, casi negros.
-          - Oh, claro preciosa. No lo haré más… pero… debo mantener las manos ocupadas mientras llega tu amor… - ¿Qué me recomiendas hacer? – Me pregunta pasando una mano por mis piernas. Llevo un vestido, pantis y unas botas. Mierda. ¿Por qué hoy debía estar más cálido? Estoy respirando muy agitadamente - ¡Dime!
-          - No sé me ocurre – Le digo en voz baja. Él me mira exasperado. Me agarra de los hombros y me lanza hacia atrás. Rápidamente se pone a horcajas sobre mí.
-         -  A mí se me ocurren unas cuantas cosas – Me dice mientras desliza sus asquerosas manos sobre mis pantis – Eres muy atractiva. Es por esto que Johnny se metió en un lío con su gente – Dice hablando entre jadeos - - ¿Qué hora es, Cris? – Pregunta con voz fuerte.
-          - Las 7 – Dice con una voz que me asusta. El imbécil que está encima de mí me tiene sujeta las manos por sobre mi cabeza.
-          - Vaya… tenemos tiempo entonces – Me dice con voz baja mientras me besa el cuello. Me duelen las muñecas. Me está apretando demasiado. Se acerca a mi boca y me queda mirando. Lo piensa y se acerca lentamente. Intento moverme debajo de él y lo único que consigo es sentir su asquerosa y dura erección entre mis piernas.
-          - Veo que estás ansiosa, putita – Me dice y se ríe. Me suelta las muecas y agarra mis caderas con fuerza. Comienza a bajarme las pantis. ¡No! Le escupo en la cara y logro zafarme de sus brazos. No llego muy lejos, cuando este me agarra, atrayéndome a él con una fuerza que no había ocupado antes. ¡Cresta!
-          - ¿Quieres jugar? Entonces juguemos – Sonrió, pero esta vez fue por 2 segundos. Me condujo hacia una silla y me agarro por el cuello – No te muevas, o te ahorco – Me amenazó. Me quedé sentada hasta que sacó un poco de cinta adhesiva, la que puso en mi boca. Luego tomo una cuerda y me amarro ambas manos al respaldo. Intenté moverme pero de nada funcionó. Tenía miedo. Mucho miedo.
-          - Muy bien. Así te ves mejor – Me decía con una expresión de odio y furia en su cara – Ahora, quiero seguir jugando, nena – Me decía mientras comenzaba a levantar mi vestido. Comencé a llorar. Mierda, mierda, mierda. Se detuvo cuando me vio llorar. Noté en sus ojos que estaba sonriendo. El imbécil estaba disfrutando de esto. Me secó las lágrimas con suavidad y bruscamente cambió para sacarme las medias
-          - Qué piernas, Estefanía – Me dijo mientras las observaba. Me tocaba una y otra vez, de arriba abajo. Tragaba saliva como loca. Oh, Johnny, ¿dónde estás?
-          - Veamos que hay debajo del vestido – Me dice mientras me va bajando mis bragas. La saca por completo, la huele y se la guarda en el bolsillo. Con los ojos llorosos me movía pidiendo que parara.
-          Oh, Estefanía – Me decía mientras me acariciaba mis piernas y comenzaba a lamerlas. Ya casi no podía respirar por mis propias lágrimas.
Johnny entró a la habitación de un golpe, junto con 3 hombres armados.

-         - ¡Mierda! ¡Estefanía! – Grito Johnny mientras venía por mí.
-          - Das un paso más y te mato – Amenazo el tipo que casi me viola. Oh, no, Johnny. No te muevas.
-          - Y yo te mato a ti, James – Dijo otra voz. Uno de los acompañantes de Johnny. James se queda respirando agitadamente mientras apunta a Johnny – Baja la pistola James. Ahora – Dice el hombre y este se da vuelta y le dispara. ¡Mierda! Lo veo todo en cámara lenta. James está desquiciado. Al dispararle, Johnny y el otro hombre le quitan la pistola y lo tienen esposado. ¿Eran policías? El hombre que tiene esposado al tipo de la puerta, hace una llamada por un celular.

-         -  Hombre herido, repito. Hombre herido – Dice y se oye un ruido. No es un celular, es un radio. Oh, veo todo borroso. Intento hablar y me caigo con silla y todo al suelo. Me desplomo. Me golpeo la cabeza y me duele, Me duele mucho. No veo nada, escucho a alguien gritando. Gritando de dolor. Siento gente entrando a mi departamento. Siento que alguien me da palabras de aliento y me ayuda. Me desata. Qué alivio. Me duelen las muñecas y la cabeza. Ya no escucho. No veo nada. Y caigo.