lunes, 5 de enero de 2015

Oh, su voz.

Capítulo VII

Ya estábamos a mitad de marzo y todo iba normal. Mi ánimo ha mejorado considerablemente y he decidido salir con Michael. Darle una oportunidad y ver qué pasa. Con Michael los días pasan muy rápido y me siento bien. Adrien sigue buscándome cada vez que se lo pido, incluso cuando no. Hablamos cosas de sus hijos y de su esposa. Al parecer tiene una familia bien compuesta y es feliz. Me alegro por él. Es un buen hombre y se lo merece. Me cuenta como conoció a Johnny y cómo él ayuda a su familia económicamente. Son muy amigos.
Yo no le cuento muchas cosas a Adrien. Al menos no de Michael y de las salidas con mis amigos, aunque a veces se entera, y no sé cómo.
-          - Johnny quiere comunicarse con usted. ¿Puedo darle su número? – Me pregunta Adrien cuando me despierta de mis pensamientos. Abro mucho los ojos. ¿Johnny? No sé qué decir.
-          - Claro… claro que puedes darle mi número – Le digo sin creer lo que estoy escuchando.
-          - Muy bien, se lo daré hoy y probablemente en la tarde, él la llame – Me dice mientras sigue manejando. Yo asiento y no digo nada. No puedo decir nada. ¡Dios! Quiero que sea de tarde.

El día ha ido sin incidentes, sin contar con mi claro nerviosismo y por mis ganas de gritar. Converso con Michael, pero me cuesta escucharlo. En la universidad no andamos de la mano ni estamos acaramelados. No somos así. Cuando salimos juntos, eso cambia.
-         -  ¿Estás bien? – Me pregunta Lily mientras vamos a clases de Estadísticas. La miro con rapidez.
-         -  ¿Por qué no habría de estarlo? – Le pregunto con una sonrisa. Ella arruga la nariz y duda.
-          - No lo sé, eso quiero saber – Me dice y me río.
-         -  No pasa nada. Vamos a clases – Le digo tirándola del brazo.
Ya son las 5. Mierda. Corro por el pasillo y salgo en busca de Adrien. Veo el auto negro y entro.
-          - Buenas Tardes, señorita. ¿Cómo le ha ido? – Me pregunta cuando la puerta se cierra.
-           Muy bien, Adrien, ¿y a ti? – Pregunto con entusiasmo.
-          - Bien también, gracias. ¿Nos vamos? – Me pregunta y yo asiento. Miro por la ventana y la música de Mozart comienza a sonar.
Llegamos a eso de las 5.40 a mi departamento y nos despedimos. Es miércoles y mi cara de felicidad es como de día viernes.
Me tomo una cerveza tras otra. Son las 8 de la noche y siento que todo me da vueltas. Estoy literalmente tirada en el sillón y estoy a punto de llorar. El alcohol me está haciendo efecto. Mi celular suena. Lo busco con torpeza entre mis bolsillos y lo veo en el suelo. Lo agarro y quedo sentada en el suelo, apoyada en la parte baja del sillón.
-          - ¿Aló? – Pregunto sin saber cómo. Tengo los ojos cerrados y me duele la cabeza.
-          - ¿Estefanía? – Me pregunta una voz muy familiar. No sé quién es.
-          - Soy yo – Le digo - ¿Quién. Eres. Tú? – Pregunto con dificultad.
-          - Soy Johnny. Cariño, ¿estás bien? – Oh, su voz. Por un momento creo que recobro el sentido y me pongo a reír como estúpida.
-          - ¡Johnny! Oh… Johnny, Johnny, Johnny – Digo muchas veces, saboreando su nombre.
-          - ¿Has bebido? – Pregunta alarmado – Mierda, ¿Estefanía, dónde estás? – Me pregunta furioso. Yo río. Oh, está preocupado. Me río y me río.
-          - Adrien. Sabe. Llegar – Le digo mientras me da hipo.
-          - Voy para allá. No te muevas – Me dice y me cuelga. Oh, Johnny enojado, furioso. Qué sexy y qué espectáculo. No aguanto más y me duermo. He bebido mucho.
Son las 10 de la noche y estoy en mi cama, sola. Desde la cocina se ve una luz encendida y no entiendo nada. Oh, mi cabeza. Carajo. Siento que va a explotar. Siento pasos.
-          - Cariño, debes dormir – Me dice Johnny con voz suave. Me acaricia el pelo y yo casi no puedo abrir los ojos. Es real. De verdad está aquí. Sonrío como una boba y le acaricio su mano torpemente.
-          -  Ven. Aquí – Le digo indicando el otro lado de mi cama. Johnny sonríe y me acerca una pastilla junto a un vaso con jugo.
-          - Antes, toma esto – Susurra y le obedezco. ¿Es jugo natural? Lo bebo y lo compruebo. ¿De dónde ha sacado Johnny naranjas? – Con eso se te quitará el dolor de cabeza y podrás dormir bien – Me dice con voz ronca. Oh, su voz. La extrañaba. Sonrío estúpidamente otra vez y él me sigue acariciando el pelo y la cara.
-          - Ven – Le repito con los ojos entreabiertos y le paso el vaso. Él lo recibe y camina hacia el lado de la cama que le indico. Se acuesta y me acerca a su pecho. Mierda, huele muy bien. Me acurruco y me besa el pelo.
-         -  Descansa, preciosa – Me dice y caigo en un sueño profundo.
Me despierto a las 7.30 de la mañana. ¡Es muy temprano! A mi lado no hay nadie y por un momento, creo que lo de anoche fue un sueño. Verifico el vaso de jugo y no está. ¿Imaginé todo lo de anoche? Estoy muy mal.
Me quedo en la cama con los ojos tapados por mi brazo. Respiro hondo muchas veces. Hago una inspección de mi cuerpo. ¿Mi cabeza? No me duele. ¿Los brazos y piernas? Están bien. ¿Siento frío? No, estoy bien tapada y tengo un pijama grueso. ¿Un pijama grueso? ¡Qué cara…!
-         -  Hola – Me saluda Johnny desde el umbral de la puerta. Va vestido con unos vaqueros gastados y una camisa color café. Tiene una chaqueta de cuero del mismo color y su pelo está desordenado. Oh, no lo soñé.
-          - Estás aquí – Le digo mientras me reincorporo, apoyando mi cabeza en la almohada. Johnny sonríe y se acerca. Se sienta a mi lado y me arregla un mechón de pelo que tengo en mi cara.
-          - No me iba a ir – Me dice con voz ronca y sexy. Cierro los ojos y sonrío - ¿No te duele nada? – Me pregunta preocupado.
-          - No. Estoy perfectamente. ¿Qué pasó anoche? – Le pregunto avergonzada.
-          - Bebiste demasiado. Te llamé y no sabías quién era. Creí que te habías olvidado de mí hasta que llegué y te vi en ese estado, acostada en el sillón. Te traje aquí, te puse pijama y te preparé jugo de naranja. Lo mejor para la resaca – Me dice y hace una mueca de desaprobación - ¿Por qué lo hiciste?
-          - No lo sé. Simplemente me parecía raro que me llamaras – Dije mirándolo. Johnny me toma la mano.
-         -  Te dije que no te ibas a liberar de mí – Me dice en tono de advertencia. Sonrío ante su contacto y me acerco a su pecho para abrazarlo.
-          - Gracias por todo – Le susurro despacio. Johnny me acerca a él.
-          - Aquí estoy. He vuelto – Me dice con voz suave. ¡Ha vuelto! Oh, extrañaba tanto estar con él. Me separa un poco y me mira con ojos brillantes.
-         -  Debes ir a clases hoy – Me dice y yo hago un gemido. ¡No quiero!
-          - No… hoy no – Le dije mientras caía encima de la cama. Johnny niega con la cabeza.
-          - No dejaré que faltes. Debes ir. No me iré – Me dice con una sonrisa y sabe que esa es mi preocupación. Lo miro atenta.
-         -  ¿Cómo sé que no te irás? – Le digo con preocupación. Johnny se pone encima de mí y me mira desde arriba. Quiero que me bese. Quiero besarlo.
-          - No me iré a ningún lado. No de nuevo – Dice con un dolor notable. Siento lo mismo cuando escucho su voz y asiento. Tengo que creerle. ¿Qué más podía hacer? – Estaré aquí a eso de las 6.
-         -  Está bien – Le digo con voz tranquila. Él sonríe y me besa la mejilla. ¿No habrá beso en la boca? ¡Ah!
-          - Ven, tu desayuno está servido – Me dice y me da la mano para levantarme.
Me lleva a la mesa que tengo en el comedor y veo que está lleno de cosas ricas. Hay jugo de naranja, hay yogurt con cereal, hay té y café, hay galletas de muchos sabores y hay pan con mermelada. Wow, ¿Cómo preparó todo esto? Mi estómago comenzó a rugir.
Se sentó junto a mí mientras tomaba café. Sus ojos no se perdían de ninguno de mis gestos. Masticaba un pedazo de pan y me miraba. Me ponía nerviosa, pero no tanto para dejar lo que estaba haciendo. Bebí jugo. Oh, qué delicia.
-          - Tenías hambre – Me dice con una sonrisa. Yo asiento y me río – Me gusta verte comer – Me dice mientras me limpia los restos de galleta que quedaron en mi boca. Me quedó sonriéndole como una tonta y su celular suena. Lo saca rápidamente y contesta.
-          - Depp. No, no es necesario. Sí, no hay problema, estoy allá en 30 minutos. Adiós – Dice y cuelga. Bebe de su café.
-          - Para llegar a las 6 aquí, tengo que irme ahora. ¿Está bien? – Me pregunta y yo asiento. No hay nada que podía decirle o que podía hacer. Ya estaba feliz con su visita y con su regreso. No quería arruinarlo – Se acerca para besarme la mejilla y yo lo detengo. Me levanto y lo miro. Me acerco y le beso la boca, con un beso casto pero tierno. Johnny cierra los ojos y hace lo mismo por unos pocos segundos. Me separo de él y noto su expresión. Sonríe y me acaricia la mejilla derecha.
-          - Nos vemos, nena – Me dice y se acerca a la puerta – Adrien vendrá a la misma hora de siempre. Yo me voy en otro auto, para que no te atrases – Y asiento sin decir nada. Él sonríe y abre la puerta. Va con lentes oscuros y con un sombrero de color gris. Sale por la puerta y se va. Yo me quedó parada un rato ahí, sin creer lo que acaba de pasar. Oh, estoy tan feliz.
Termino mi desayuno y salgo a la hora correspondiente. William se me queda mirando con la boca abierta.
-         -  ¿¡Viste quién salió hoy de aquí!? – Me pregunta en voz baja. Al parecer, Johnny le dijo algo.
-          ¡¿Quién?! – Le pregunto emocionada pero con el mismo tono de voz.
-          - Johnny Depp – Me dice despacio y yo río - ¿Ya lo sabías?
-          - Algo me contaron – Le dije sin tomarle importancia. Me despedí de él y salí en busca de Adrien.
-          - Buenos días, señorita – Me saluda Adrien – La veo feliz hoy.
-          - No puedo negártelo, estoy muy feliz – Le digo y partimos.
Casi habíamos llegado cuando me acordé de la tarea que debía entregar para la clase de Literatura Universal. Mierda.
-         -  ¿Adrien, tienes el diario de hoy de hoy que me puedas dar? Necesito hacer un trabajo – Le digo mientras estaciona.
-         -  Sí, tengo este. Es de ayer, espero que igual le sirva – Me dice, entregándomelo. Yo sonrío y respiro con alivio.
-          - Gracias Adrien. Sí me sirve – Le digo y bajo del vehículo.
Me encamino hacia la puerta y me encuentro con Jorge, Lily y unos compañeros de clase. Todos vamos a la misma hoy. Nos saludamos, conversamos y hoy sí que estoy entusiasta.
No he visto a Michael en todo el día. Oh, pobre Michael. No puedo engañarlo más. Con la llegada de Johnny, todo se ha vuelto más visible y no tan borroso como antes. No quiero hacerle daño.
A eso de las una de la tarde, Johnny me manda un mensaje de texto.

Qué buena manera de despedirse esta mañana, señorita Silva. Espero que le esté yendo muy bien.
Johnny.

Me ruborizo y me río. ¡Oh, Johnny! Me despediría todas las mañanas así de ti.

Para mí es un placer. Ojalá esté bien, señor Depp. Lo extraño.
Estefi.
Y guardo mi celular para entrar a clases.
Eran las 3 de la tarde y saqué el diario que necesitaba para el trabajo. Nos pidieron que buscáramos una noticia y la redactáramos con pistas bases que nos dio la profesora Singer. Buscaba y buscaba y ya tenía algunas opciones, hasta que apreció algo que al leerlo, me quedé helada.

 Johnny Depp con ¿Problemas en el trabajo?
Al parecer, hasta las estrellas tienen problemas de puntualidad y de organización con sus asistentes y colaboradores.
Podemos ver que Johnny Depp no es la excepción de esto. Fuentes cercanas al actor, informan de que estaría sin ganas de grabar su nueva película. Llegar tarde a las grabaciones ya es pan de cada día.
¡Qué mierda! ¿Esto es en serio? Seguí leyendo.
Un recorte con una foto de él era el que le seguía a este. Mi respiración de agitaba. Estaba nerviosa, cómo si un examen sorpresa viniera ahora y del cual me vengo a enterar hoy. Pero ya ni los exámenes me importaban demasiado. La profesora seguía dando las indicaciones, y yo me perdía leyendo esta basura.

Johnny Depp aproblemado, ¿El actor extraña a alguna mujer?
No es nada nuevo que Johnny Depp sea un imán de mujeres, pero sí es nuevo que tenga problemas en su diario vivir gracias a éstas. Trabajadores que lo ven a diario, aseguran que no es el mismo de antes. Llega tarde a los ensayos y peor aún; Cabizbajo casi todo el tiempo.

Y más noticias así seguían. ¿Problemas gracias a éstas? ¿De verdad yo era un problema? O tal vez… ¿Otra lo era? Si así era, no tenía ni el mínimo de los derechos para pedirle explicaciones, pero si yo fuese el problema, nunca imaginé  y nunca hubiera querido que esto le afectara de tal manera. Johnny no es una persona egoísta, y bien sabía que yo sería incapaz de ventilar lo nuestro. Me sentí mal.
Terminé el trabajo lentamente y casi de las últimas. Oh, pobre Johnny. Ya quería llegar a casa y abrazarlo.

-          - ¿Michael no vino hoy? – Le pregunto a Clare, una compañera de clase. Ella arruga la frente, pensando y niega con la cabeza.
-          - No lo he visto en todo el día – Me asegura. Le agradezco y comienzan las clases. La última hora siempre es la más tediosa.
A las 5.20 de la tarde, salimos. Nos dejaron dentro por 20 minutos más para que termináramos un trabajo grupal que debíamos entregar de inmediato.
A la salida, Lily me estaba esperando para despedirse.
-          - Qué raro que Michael no te avisó que faltaría – Me dice Lily. Ella tampoco sabía nada de él. Estaba preocupada.
-         -  Sí, muy raro… lo llamaré cuando llegué a casa – Le digo y nos despedimos. Ella iba a salir con Jorge, así que subí las cejas y ella se puso roja. Estaba muy feliz.
Llegué a eso de las 6 a mi casa y Johnny aun no llegaba. Adrien me contó que estaba en una entrevista para una revista. Yo lo entendí y subí a mi departamento. No le pregunté acerca de la noticia a Adrien.
William no volvió a tocar el tema de Johnny con nadie más, o al menos eso me decía.
Llegué a mi block y llamé a Michael.
-         -  ¿Michael? – Pregunté y contestó una voz somnolienta.
-         -  ¡Estefi! Lo siento por no avisarte… me quedé dormido hoy y preferí no ir para terminar un puto trabajo de Manualidades – Me dice molesto. Yo sonrío. Michael está bien.
-          - ¿Ya lo terminaste? – Le pregunto.
-          - Ya casi. ¿Qué tal el día? – Me pregunta más contento y por un momento me siento mal. Recuerdo a Johnny, recuerdo el beso, recuerdo sus palabras y el He vuelto resuena en mi cabeza una y otra vez - ¿Aló? – Me pregunta sacándome de mis pensamientos.
-          - Estuvo bien. Normal – Le digo y él hace un gesto de cansancio – Oye, te dejo trabajar, ¿sí? Mañana nos vemos.
-         -  Sí, mañana nos vemos. Cuídate – Me dice y nos despedimos.
Esa tarde, Johnny llega como a las 6.30. Trae chocolate, fruta y comida para cocinar. ¡Cree que soy pobre!
-          - No, no he dicho eso. Pero quiero lo mejor, para la mejor – Me dice y me besa la cabeza. Yo río.
Nos sentamos en el sillón a escuchar música y a conversar. Me habla de la película que está grabando y de las entrevistas que ha tenido que hacer. Habla de una sesión de fotos que se viene luego y de lo avergonzado que está cada vez que le toman fotos. Yo me río. Este es Johnny. Tímido y reservado Johnny. No quiero sacarle el tema del cual leí. ¿O sí quiero? Ah.
-         -  Leí una noticia hoy – Le digo despacio, mientras me incorporo y veo su expresión. Arruga la frente y me mira con interés para que prosiga – Decía algo de que llegabas tarde a los ensayos y que era por culpa de una mujer – Johnny abre mucho los ojos y vuelve a arrugar la frente. Me mira y no sabe qué decir. Agacha la cabeza, se toma el pelo y parece perdido.
-          - Así estaba desde que te fuiste – Dijo en tono suave y demasiado bajo – O mejor dicho, cuando te dejé ir – Se corrige mirando el suelo con una línea seria en su boca.
-          - Pero ya pasó – Le dije mientras le levantaba el mentón como él lo hacía. Johnny sonríe pero su alegría no llega a los ojos y vuelve a formarse una línea recta.
-          - Fueron días malos. De esos días en los que todo te sale mal – Se sinceraba. Pobre Johnny – Habían noches enteras en las que me pasé fumando y bebiendo whisky. Discutí con Josh muchas veces, y con muchos de mis representantes, incluso con mis propios compañeros de reparto. Un día después de grabar, fui hasta el maletín de Josh y rompí los putos papeles del contrato de confidencialidad que firmaste.
-          - Lo siento – Le digo casi en susurro. Johnny se ve enojado y reprimido. Me mira y veo el dolor en sus ojos.
-          - No me pidas perdón. Yo soy el que de rodillas debería hacerlo. No merezco tu compasión ni menos tu perdón- Me dice dolorido. Yo me acerco a él, apretándome contra su pecho y él respira agitadamente – Lo siento, cariño. Lo siento, lo siento…
-          - Ya te perdoné, Johnny. Ambos lo hicimos. Está bien – Le digo para tranquilizarlo. Y así nos quedamos hasta quedarnos dormidos.
Johnny duerme conmigo y siento que estoy en las nubes. Así se pasan los siguientes días, hasta que llega Abril. Johnny llega a eso de las 7 u 8 y se queda conmigo hasta el otro día.
Michael y yo hemos mantenido distancia. Ni siquiera sé quién tomó la decisión de aquello. Dice que estoy rara y puede ser que sea verdad. No sé cómo explicarle los sucesos de este último mes. ¿Cómo lo hago? ¿Qué me dirá? Es obvio que no me creerá.

Era 23 de Abril y la primavera presencia de la primavera se notaba. El aire era fresco, limpio y las flores más hermosas que nunca.
Era jueves y estábamos en horario de almuerzo.
-          - Yo creo que ustedes dos deberían hablar – Decía Lily, mientras Michael comía de su sándwich y yo de mi ensalada con pollo. Lo miraba y él no hacía nada para devolvérmela. Seguía comiendo como si no le interesara. Oh, me sentía muy mal que estuviéramos así.
-        -  ¿O no, Michael? – Preguntó Lily, mientras lo golpeaba con una revista.
-         .  Basta, Lily – Le dije – No sirve de nada que esté obligado – Comenté mientras iba a botar algo al basurero.
Dieron las 5 y Adrien me esperaba.
-         -  ¿Podemos conversar mañana? – Me pide Michael agarrando mi brazo. Yo asiento.
-          - Claro – Le digo y le beso la mejilla. Michael me sonríe y me subo al auto negro.
Llegué a las 5.20 y saludé a William. Él leía un libro nuevo.
Me acerqué al ascensor y apreté el botón. Espero menos de un minuto y entré. Iba en el segundo piso cuando me percaté de que el ascensor se detuvo. Bueno, es normal. No vivo sola. Me extrañé pero luego me hice hacia atrás, para que pasara las o la persona que esperaba el ascensor.
Dos hombres entraron, completamente de negro. Al entrar ellos, preferí salir. Mis latidos se aceleraron a mil por hora al tomar esa decisión. Ellos se colocaron frente a la puerta sin dejar que saliera. Tenían la cara tapada.
-          - ¿A dónde crees que vas? – Musitó uno de los tipos que me agarró el brazo. Me lo apretó con tal vigor que entré para no forcejear más. Oh, mierda.
-          Tenemos un trato para ti, nena – Sentí el énfasis que ponía en esa palabra. Ambos hombres rieron. ¿Johnny?
El hombre que me hablaba me tenía acorralada contra la pared, mientras el otro cuidaba delante de la puerta, procurando que nadie más entrara y arruinara el plan.
-         -  ¿Te trae recuerdos esa palabra? – Claro que me trae recuerdos, carajo. Johnny siempre me la decía, con ese timbre de voz tan varonil y ronco. Oh, mierda, mierda. ¿Estará bien?
-          - Responde linda – Me dijo acercando mi boca a la suya.
-          - Déjame – Le dije haciéndome a un lado.
-          - No te conviene tratarme así, ¿escuchaste? – Me dijo en tono amenazador, al momento de presionar mi cara contra la pared helada. Quedé inmóvil.
-          - Te daré cualquier cosa, pero no le hagas daño – Dije con la voz entrecortada, quejándome.
-          - No le haremos nada a tu actor… siempre cuando, él nos haga caso a nosotros – Dijo riéndose mientras mantenía sujeta mi cara contra la superficie del ascensor.
-          - Disimula – Dijo el hombre grande que estaba en la puerta. El otro que me tenía sujeta contra el frío metal me tomó la mano bruscamente y me obligó a darme vuelta.
-         -  Haz como si estás vomitando – Me susurro. Hice lo que me dijo y comencé a hacer gestos de dolor.
El hombre que cuidaba la puerta, se saco la capucha y mostró su cabello rubio. Era alto y mazciso. No pude verle la cara.
 Una señora con su hijo pequeño iban a entrar en el ascensor, pero el hombre de aspecto mezquino la detuvo.
-          - Mantenimiento, señora. La joven ha vomitado, tenemos que limpiar. Espere el otro ascensor, por favor.
 La señora pareció comprender y no batalló al respecto. La puerta se cerró y antes de que el hombre se volteara, se colocó la máscara negra nuevamente para que yo no lo viera.
Habíamos llegado a mi piso. Carajo. No encontraba mis llaves. ¿Por qué ahora?
-          - Apúrate – Me decía el hombre que estaba a mi lado en el ascensor. Trago saliva una y otra vez y mi respiración es agitada, hasta que las encuentro.
-          - Dámelas – Me dice el hombre, quitándomelas bruscamente de las manos y deslizando las llaves hasta que la puerta se abre – Entra – Me dice apuntándome con una pistola en mi espalda.
Ambos tipos me siguieron hasta dentro y cerraron la puerta cuidadosamente, sin hacer ruido. Queriendo que pareciera todo normal. El tipo alto se mantuvo en la puerta, esta vez mirándome y el otro, era como mi sombra. Me movía y él se movía. Pero esta vez me soltó bruscamente y me tiro en la cama. Comencé a llorar. Tenía miedo, pánico. No sabía nada de Johnny y en cualquier momento, él iba aparecer.
-          - Ah… qué haremos contigo Estefanía Silva – Me decía el tipo sombra. No podía levantar la vista. Simplemente, me era imposible moverme. ¿Qué más sabía de mí? Se acerca y me agarra las mejillas con una mano, lo que obliga a que lo mire - ¡Mírame mierda! – Me grita.
-          - ¿Por qué lloras? – Me pregunta con un tono desagradable. Intento calmarme – Deberías llorar cuando te haga esto – Y ¡Bum! Me da una cachetada muy dolorosa en la mejilla derecha. Oh, dolor, dolor y ahora nada. Dejo de llorar y respiro agitadamente. Este hombre sí que es fuerte, carajo. Me mira y sé que va a golpearme de nuevo cuando levanta la mano.
-          - Por favor – Le digo en tono de súplica. Él baja la mano, arruga la nariz y frunce los labios.
-          - ¿Por favor… qué nena? – Me pregunta y se sienta en la cama, justo a mi lado. Su voz ahora es más suave y yo estoy respirando muy nerviosa – Por favor qué, dije.
-          - Por favor, no me golpees – Le pido sin mirarlo. Oh, idiota, míralo. Se va a enojar más. Lo miro y aun tiene la cara tapada. Solo se ven los labios, la nariz y los ojos. Tiene ojos cafés, casi negros.
-          - Oh, claro preciosa. No lo haré más… pero… debo mantener las manos ocupadas mientras llega tu amor… - ¿Qué me recomiendas hacer? – Me pregunta pasando una mano por mis piernas. Llevo un vestido, pantis y unas botas. Mierda. ¿Por qué hoy debía estar más cálido? Estoy respirando muy agitadamente - ¡Dime!
-          - No sé me ocurre – Le digo en voz baja. Él me mira exasperado. Me agarra de los hombros y me lanza hacia atrás. Rápidamente se pone a horcajas sobre mí.
-         -  A mí se me ocurren unas cuantas cosas – Me dice mientras desliza sus asquerosas manos sobre mis pantis – Eres muy atractiva. Es por esto que Johnny se metió en un lío con su gente – Dice hablando entre jadeos - - ¿Qué hora es, Cris? – Pregunta con voz fuerte.
-          - Las 7 – Dice con una voz que me asusta. El imbécil que está encima de mí me tiene sujeta las manos por sobre mi cabeza.
-          - Vaya… tenemos tiempo entonces – Me dice con voz baja mientras me besa el cuello. Me duelen las muñecas. Me está apretando demasiado. Se acerca a mi boca y me queda mirando. Lo piensa y se acerca lentamente. Intento moverme debajo de él y lo único que consigo es sentir su asquerosa y dura erección entre mis piernas.
-          - Veo que estás ansiosa, putita – Me dice y se ríe. Me suelta las muecas y agarra mis caderas con fuerza. Comienza a bajarme las pantis. ¡No! Le escupo en la cara y logro zafarme de sus brazos. No llego muy lejos, cuando este me agarra, atrayéndome a él con una fuerza que no había ocupado antes. ¡Cresta!
-          - ¿Quieres jugar? Entonces juguemos – Sonrió, pero esta vez fue por 2 segundos. Me condujo hacia una silla y me agarro por el cuello – No te muevas, o te ahorco – Me amenazó. Me quedé sentada hasta que sacó un poco de cinta adhesiva, la que puso en mi boca. Luego tomo una cuerda y me amarro ambas manos al respaldo. Intenté moverme pero de nada funcionó. Tenía miedo. Mucho miedo.
-          - Muy bien. Así te ves mejor – Me decía con una expresión de odio y furia en su cara – Ahora, quiero seguir jugando, nena – Me decía mientras comenzaba a levantar mi vestido. Comencé a llorar. Mierda, mierda, mierda. Se detuvo cuando me vio llorar. Noté en sus ojos que estaba sonriendo. El imbécil estaba disfrutando de esto. Me secó las lágrimas con suavidad y bruscamente cambió para sacarme las medias
-          - Qué piernas, Estefanía – Me dijo mientras las observaba. Me tocaba una y otra vez, de arriba abajo. Tragaba saliva como loca. Oh, Johnny, ¿dónde estás?
-          - Veamos que hay debajo del vestido – Me dice mientras me va bajando mis bragas. La saca por completo, la huele y se la guarda en el bolsillo. Con los ojos llorosos me movía pidiendo que parara.
-          Oh, Estefanía – Me decía mientras me acariciaba mis piernas y comenzaba a lamerlas. Ya casi no podía respirar por mis propias lágrimas.
Johnny entró a la habitación de un golpe, junto con 3 hombres armados.

-         - ¡Mierda! ¡Estefanía! – Grito Johnny mientras venía por mí.
-          - Das un paso más y te mato – Amenazo el tipo que casi me viola. Oh, no, Johnny. No te muevas.
-          - Y yo te mato a ti, James – Dijo otra voz. Uno de los acompañantes de Johnny. James se queda respirando agitadamente mientras apunta a Johnny – Baja la pistola James. Ahora – Dice el hombre y este se da vuelta y le dispara. ¡Mierda! Lo veo todo en cámara lenta. James está desquiciado. Al dispararle, Johnny y el otro hombre le quitan la pistola y lo tienen esposado. ¿Eran policías? El hombre que tiene esposado al tipo de la puerta, hace una llamada por un celular.

-         -  Hombre herido, repito. Hombre herido – Dice y se oye un ruido. No es un celular, es un radio. Oh, veo todo borroso. Intento hablar y me caigo con silla y todo al suelo. Me desplomo. Me golpeo la cabeza y me duele, Me duele mucho. No veo nada, escucho a alguien gritando. Gritando de dolor. Siento gente entrando a mi departamento. Siento que alguien me da palabras de aliento y me ayuda. Me desata. Qué alivio. Me duelen las muñecas y la cabeza. Ya no escucho. No veo nada. Y caigo.

lunes, 3 de febrero de 2014

Confusión Imposible.
Capítulo VI

El siguiente día, estaba más caluroso. De igual forma me puse un polerón y unos jeans.  Al menos ahora comía algo. Un sándwich y un café.  Llamé a Adrien y apagué el televisor.
Tomé el ascensor y bajé rápidamente. Hoy tenía algo más de ánimo y lo noté en la rapidez de mis acciones.
-          - Hola Will – Saludé mientras buscaba mi celular.
-          - Buenos días señorita… la veo mejor qué ayer, y mejor qué… 
-          - Ok… ya entendí y… gracias. Me tengo que ir, me está esperando…
-          - Adrien, ya lo sé – Esto me dejó sin aliento. 
-          - ¿Qué? , ¡¿Cómo lo supiste?! , ¡¿Quién te dijo, William?! ¡Dímelo ya! – Empecé a gritar. Esto de verdad me superaba, ¿Quién había sido el bocón qué abrió la boca en donde no debía? ¿Quién más sabía de esto? De sólo pensar las posibilidades, se me apretaban los puños.
-          - Yo se lo dije – Esa voz fue inmediatamente reconocida por mis sentidos. Adrien entraba por la puerta ancha. Yo me giré y en el encuentro vi su rostro triunfal. Una sonrisa de costado se asomaba sin mostrar los dientes. Tragué saliva.
-          - Hola Adrien – Saludó de mano William.
-          - Buenos Días Will – Sus voces sonaban tan normales que me asusté.
-          - ¿Qué? Esperen… ¿Qué? – Ni siquiera podía formular una pregunta coherente. Aun no lo creía. ¿En qué estaba pensando Adrien? ¿Habría sido esta, una idea de Johnny? Miles de preguntas algo desordenadas y sin sentido pasaban por mi cabeza, una encima de la otra.
-          - Tranquila… Ayer vine a verte y William me contó qué habías salido con un chico… y no podía ser tan maleducado de no presentarme, asique conversamos un rato y…
-          - ¿Ahora son los mejores amigos del mundo? – Mi voz sarcástica hizo qué ambos rieran.
-          - No Estef… pero nos llevamos bien y me dijo qué era tú chofer, el regalo de un amigo y… sólo eso, ¿Qué es tan grave? – Respondió William.
-          - Nada… ya es tarde, ¿Podemos irnos? – Salí disparada por la puerta sin despedirme de William. Yo sabía que no era su culpa, pero mi mente estaba tan borrosa y confundida qué no me importó en absoluto.
-          - ¿Está bien señorita Estefanía? – La sonrisita de Adrien era tan insoportable qué me tembló el cuerpo. Lo fulminé con la mirada y luego caminé hacia el auto. Me abrió la puerta y entré. Nada de agradecimientos, nada de charla.
-          - ¿De quién fue la idea? – Espeté por fin, luego de unos 5 minutos eternos sin hablar.
-          - Mía y no veo el problema – La tranquilidad de Adrien me alteraba. Respiré hondo para no decir estupideces por la calentura del momento.
-          - ¿Johnny lo sabe? – Su nombre era tan perfecto que no alcanzaba a completar todos los espacios de mi boca. El alzo una ceja y rió de buena gana.
-          - No, pero espero qué no se moleste… ya habrá momento de decirle.
-          - Ok… pero no sé si se tome de buena forma lo que hiciste… no sabes cómo es William – Mi tonó sonó seco.
-          - Más miedo le tengo a usted qué al señor William y a Johnny juntos– Su sonrisa se asomó e hiso qué me aburriera de la discusión. Una parte de mí no sabía si reír irónicamente o mantenerme callada hasta bajarme del auto.
Llegué al colegio justo a la hora y Michael me esperaba en la entrada. Me sonrió y le sonreí. Ambos caminamos hacia nuestra sala, la misma clase de Matemática. Su risa era tan contagiosa que me reí de buena gana la mayor parte del tiempo. Fue extraño sentir esa sensación de estar feliz qué casi desee no haberla experimentado.
Al tocar el timbre, él se separo de mí para yo poder hablar con mis amigos. Lo último qué me dijo fue: Estaría todos los recreos contigo si tú quisieras… pero lo entiendo. Su voz sonó sincera y me hizo enrojecer. Le sonreí y me acerqué a Jorge y a Lily.
-          - Hola – Una pequeña sonrisa se asomó por mi rostro.
-          - ¿Te sientes mejor? – Preguntó Jorge.
-          - Si… mucho mejor.
-         -  ¿Cómo la pasaste ayer? – Me interrogó Lily. Detrás de esa pregunta, una inspección maliciosa se extendió a lo largo de su cara.
-         -  ¿Logan les contó? – Cuestioné algo molesta.
-          - Al llegar le preguntamos, porque sabíamos que te había ido a ver – Reaccionó Jorge.
-          - Ah. Bien… estuvo bien. Fuimos a comer, y vimos una película… nada extraordinario.
-          - ¿Algo pasó? El se veía algo molesto cuando le preguntamos sobre la salida de ayer… - Dijo Jorge con un tono preocupado.
-          - Nada… sólo qué… no entiende qué no quiero salir con él. Creo que se lo traté de explicar de la mejor forma.
-          - ¿Quiso besarte? – La voz de Lily sonaba algo alterada. La expresión de su rostro se deformó al imaginarse tal situación.
-          - Sí, pero no lo logró. Por eso debe estar molesto, pero bueno, no me interesa mayormente – Comenté observando el gran ventanal. Más que el ventanal, veía a Michael sonriendo y haciéndome gestos graciosos. No pude evitar reírme.
-          - ¿De qué nos perdimos? ¿Qué ocurre con Michael? – Lily otra vez cambiando la voz y la expresión al mismo tiempo.
-          - Iré a su casa – La cara de Jorge se deformó notoriamente. Su rostro mostraba incomodidad ante tal realidad.
-          - ¿Están… saliendo? – Preguntó Jorge sin despegar los ojos del suelo.
-          - ¡No! No… claro que no estoy saliendo con él. ¿Desde cuándo una salida puede convertirse en algo más? – Mi tono fue desagradable incluso para mí, pero estaba aburrida de los constantes ataques relacionados con mi vida personal.
-          - Es que… la forma en qué te mira, cómo te habla, cómo te escucha… es de una persona qué está realmente enganchada de ti – Jorge disimuló su mal estado, pero Lily se ponía feliz al coro de su afirmación. ¿Michael realmente estaría enamorado? Nunca me había puesto a pensar tal cosa, porque últimamente sólo tengo a una persona ocupando el 99% de mi corazón.
-          - ¿Tú crees? – Pregunté mirando a Michael.
-          - Sinceramente sí – Lily me sonrió cómo si leyera mis pensamientos.
-          - Si tu lo dices… ahora hay qué ir a clases – Sujeté mi bolso y emprendí rumbo a mi salón.
Eran las 5 y salimos de clases, Michael me esperaba en la puerta de mi salón. Logan y él no cruzaron mirada alguna. El odio era inminente.
-          - ¿Estás lista? – Su voz sonó dulce y animada.
-          - Sí, vamos – Tomó mi chaqueta y me ayudó a ponérmela.
Tomamos un colectivo qué llegara a su casa. En el trayecto me preguntaba cosas sobre mi familia y la salida con Logan ayer.
-         -  Debió haber sido… triste para él – Una pequeña sonrisa salió a relucir detrás de un rostro poco expresivo.
-          - No lo sé, pero no me interesa, él debe entender qué no quiero nada.
-          - No quieres nada… ¿Con nadie? – Sus ojos expresaban una interrogante que necesitaba ser respondida. A la cabeza se me vino el rostro de Johnny y me sentí culpable. Una angustia comenzó a recorrer mi corazón desenfrenadamente.
-          - No lo sé – Agaché la cabeza, sin saber qué responder.
-          - No quiero ser como él… ¿entiendes? No haré nada qué tu no quieras hacer, porque… de verdad me gustas y mucho. Desde hace algún tiempo – Me quedé helada ante tal afirmación. No sabía que responder. No podía ser pesada, menos con alguien qué logró sacar lo mejor de mí sólo en un día.
-          - Eres muy… lindo. Gracias… gracias por ser tan honesto conmigo, eso me encanta – Me acercó más a su cuerpo, ajustándome a su brazo de una manera protectora.
Llegamos a su casa en 30 minutos. Nos bajamos y abrió la puerta. Su casa era hogareña, de madera y realmente hermosa.
-          - ¿Quieres helado? – Me ofreció acercándose a la cocina.
-          - Claro – Me maravillé ante tal orden en las cosas. Todo puesto perfectamente en su lugar; cuadros antiguos, fotos con marcos bellísimos y grandes y pesados libros que de vista parecían de estudio.
-          - Mi mamá ama los libros… - Comentó al acercarse a mí y dándome un bol lleno de helado de chocolate con pedazos sólidos de este.
-          - ¿De verdad? Yo amo leer… tú casa es hermosa en verdad – Mis ojos aún estaban impactados por la hermosa vivienda. Las manos se me comenzaron a congelar con el helado olvidado encima.
-          - Qué bueno que te haya gustado… ¿Vamos a fuera?
Asentí y nos encaminamos hacia un gran ventanal para salir al patio. Una hamaca y una piscina con 3 sillas completaban el perfecto y podado pasto.
Conversamos casi toda la tarde, riendo y comentando cosas desde el colegio, profesores, amigos hasta la familia, futuro, pasado…
Conversar con Michael era muy sencillo. Ambos podíamos expresarnos de tal manera que era fácil contarle algo que de verdad podía incomodar a otra persona. Sus ojos eran de un café especial. Un café tan claro cómo el color de la miel. Sus labios eran pequeños y casi siempre estaban adornados con una sonrisa tierna que estaba acompañado por un comentario rápido y casi siempre efectivo.
Nunca había venido a su casa, pero si habíamos salido con otros chicos de nuestra clase. Desde un principio nos llevamos muy bien. Él es una buena persona y un buen amigo. Siempre se lo había dicho, siempre se lo había demostrado. Luego de un rato ya daban las 7 y comenzó a hacer frío. Subimos a su cuarto. Una ventana daba a la calle. La pieza era iluminada y pequeña. Realmente confortable.
Me prestó un polerón azul, pero a pesar del viento, le pedí que no cerrara la ventana. Ambos nos sentamos en la cama, uno al lado del otro y comenzamos a hablar.
-          - ¿Cómo la has pasado? – Preguntó mirando fijo a mis ojos.
-          - Muy bien – Le sonreí.
-         -  Yo también, gracias por venir. Tu presencia es… muy especial – Su sonrisa hizo que me sonrojara.
Ya eran las 7 y debía irme. Él tomó mi bolso y me lo entregó en las manos. Su mirada quedó por unos largos segundos impregnada en mis ojos. Quería o no, estaba confundida. Una confusión imposible. Realmente imposible.
-          - Te voy a dejar – Su voz dulce hizo que mi cuerpo temblara.
-          - No te preocupes, puedo llamar a un taxi…
-          - No, no lo permitiré – Sonó convencido y me sonrió.
Salimos y él pidió prestado el auto de sus padres. Llegamos rápido a mi departamento. William me saludó y no hice gran gesto. Me acompañó a mi block y le ofrecí pasar. Acepto y la puerta ce cerró tras él. Eran las 8 de la tarde y charlamos por cerca de media hora. Ambos estábamos sentados en el sillón del comedor. La radio estaba encendida y las canciones románticas me ponían más que nostálgica. Su nombre estaba plasmado en cada letra, en cada sintonía.
-          - ¿Qué te ocurre? – Preguntó luego de un silencio que se me hizo eterno. Una lágrima cayó por mi mejilla izquierda, dejando en evidencia lo melancólica que me encontraba.
-          - Son… recuerdos. Hace… tiempo no escuchaba música – Dije débilmente.
-          - No recuerdes entonces… piensa en el presente.
-        -   Lo que más me cuesta es pensar en el presente… No me pidas imposibles – Más lágrimas comenzaron a caer de mis ojos.
-          - No llores. Si no puedes olvidar… yo te ayudaré – Sentí como su mano secaba mis pómulos húmedos y acercaba sus labios hasta plasmarlos en los míos. Un beso cálido fue lo que consiguió darme. Un beso… especial, aunque difícil de no comparar. No se detuvo. Yo quise separarlo y lo logré, hasta que él se acercó nuevamente más a mi boca y me besó con más fuerza. Esta vez no hice esfuerzo alguno. Sus manos tocaban mi cara y la acariciaban. Mis lágrimas no cesaban. No sé si era por la pena que me embargaba e esos momentos o si era por la culpabilidad que se me cayó encima.
-          - Michael… por favor – Susurré luego de alejarlo lentamente.
-          - No… ¿no te gustó?
-          - No se trata de eso… sólo qué… no puedo tener una relación, no puedo – Esto ya comenzaba a complicarse, más aún porque él no correría como un niño asustado, como lo hizo Logan, si no que entendería de la forma que yo esperaba y eso, era mucho más doloroso.
-         -  ¿Quieres contarme? – Preguntó con sus manos aún en mi cintura.
-         -  Es… complicado. Lo vas a saber a su debido tiempo, por favor… no arruines esto.
-          - No lo arruinaré, te entenderé, ¿eso está bien?
-          - Sí – De verdad estaba perfecto.
Ya era las 9 y le pedí a Michael que regresara a su casa. Mañana nos veríamos y hablaríamos más. Me abrasó con fuerza y se despidió con un beso en la mejilla. Antes de salir me dijo que me quería mucho, a lo que yo respondí un también.

Al otro día, no me costó mucho levantarme. Aunque las noches no dejaron de ser malas, podía retomar el sueño en menos tiempo que antes.
Me vestí y llamé a Adrien. No me contestó. Tal vez estaba enojado porque no me comuniqué con él, entonces recordé mi celular. ¡MIERDA! Grité al ver 20 llamadas perdidas. Esto no podía estar pasando, ya se lo hice una vez y dos era mucho. Me arreglé con rapidez mientras le telefoneaba, pero nada. Salí rápido del block sin hacer gran gesto a William. Me quedé en la acerca esperando algún taxi o colectivo. Era más tarde que lo normal, ya que siempre Adrien venía a esa hora. Maldije una y mil veces al no ver mucho movimiento en las calles. Se decía que era la más transitada, pero nunca se especificó que casi siempre estaba llena, pero por AUTOS.
Después de 15 minutos, un taxi apareció desde la multitud. Me subí, pagué y di la dirección. Al menos iba a llegar justo a tiempo.
Me bajé del vehículo y me encaminé entre corriendo hacia la puerta. Lily estaba también ahí.
-          - Hola – saludé después de un beso en la mejilla.
-          - Qué extraño qué llegues tarde – Comentó algo distraída.
-          - Si… se atrasó mi vehículo – Susurré.
-          - Y… ¿Qué tal la tarde con Michael? – Preguntó mientras nos encaminábamos a nuestra sala.
-          - Excelente… hace tiempo no la pasaba tan bien.
-          - ¿Qué hicieron?
-          - Charlamos… en su casa y luego en mi departamento.
-          - Al parecer va ganando puntos ¿o no? – Pregunto Curiosa.
-          - No... sólo es un… muy buen amigo.
-          - ¿Por qué no le das una oportunidad Estefi? Se nota que te quiere y puede hacerte feliz – Su afirmación podía haber sido verídica, pero ni siquiera me imaginaba una vida con Michael. Mi corazón dependía totalmente de otra persona.
-          - Estoy bien así…
-          - Desde tú último cumpleaños algo te ha pasado… ¿No me lo contaras? – Casi olvidaba lo confiable que era Lily.
-          - Tienes razón… debo contarte y te juro que lo quiero hacer, pero… es tan complicado, qué dudo que me creas. Es una historia muy, muy alocada y… casi inverosímil, aunque hermosa – Sonreí al acordarme de TODO lo sucedido en ese fin de semana.
-          - Si es tan hermosa… ¿Por qué es tan complicada? Además… ¿Por qué no abría de creerte? Eres mi amiga, no me vas a mentir. – Buenas pregunta. Excelente afirmación.
-          - Porque sí, así es… ¿Cuándo te podré contar? – Me rendí. No podía guardar esto mucho más tiempo. Lily no iba a andar de chismosa, no podía.
-          - Hoy… después de clases.
-          - Ok… nos vamos juntas, pero… llamaré a un taxi, para… llegar rápido claro – Era obvio que iba a llamar a Adrien.
-          - Ok, después hablamos – Dijo después de entrar a la sala.
Creo que era buena idea. Al fin podría desahogarme con alguien en quien confiaba.
El día pasó tranquilo. Michael estaba con nosotros casi todo el día. Jorge nos hacía reír con sus comentarios sobre una nueva película cómica y Lily escuchaba y me retenía cada vez que me notaba cabizbaja. Michael poco o nada se daba cuenta, pero de igual forma estaba conmigo en todas partes.
-          - Asique… ¿están saliendo? – Escuché la voz de Logan detrás de mí.
-          - No Logan, además… por fin te dignas a hablarme – Mi voz sonó seca.
-          - No me digas que por esto me cambiaste… carne por charqui – Michael explotó. Casi se le tira encima si no fuera porque Jorge lo atrapó antes de cometer una locura.
-          - Qué pena debe dar que te tomen en cuenta sólo como un amigo, ¿no? – La mirada de Logan ardía en rabia e impotencia.
-          - Cállate imbécil, si no quieres que te parta la cara aquí mismo – Le vi los ojos a Michael, y le brillaban. ¿Porqué se rebajaba a Logan? ¿Esto era por mí?
-         -  ¿Enserio? ¿Crees qué te tengo miedo? – Respondió Logan a una distancia mínima de Michael.
-          - Hey... – Logré decir para tranquilizarlos, aunque de poco o nada sirvió.
-         -  Ella no te quiere. ¿Acaso te dio un beso? – Agaché la cabeza. No sabía si era por la furia o por la vergüenza.
-          - Si imbécil, nos besamos – Dijo Michael sin cambiar la expresión de su duro rostro.
-          - ¿Qué? – Ahora las miradas venían hacia mí.
-          - No tengo que darle explicaciones a nadie. Y si, fue un beso, pero no se volverá a repetir – Me alejé con mis puños cerrados. Estaba segura de qué si uno de los dos me hablaba iba a explotar yo también.
Lily me siguió, ya habían tocado el timbre hace 10 minutos. No había nadie en el salón a la hora de la pelea. Algo bueno espero. Escuché cómo Michael le decía  Jorge que lo soltara. Luego de un rato él estaba caminando junto a mí.
-          - Perdóname, por favor… pero, me sacó de quicio – Michael de verdad se sentía culpable, pero no estaba dispuesta a hablar. No ahora.
-          - No quiero hablar Michael.
-          - Por favor…
-         -  Dijo que no quería hablar. Creo que se entendió – Le advirtió Lily mientras me abrazaba por un costado.
Llegamos al salón, disculpándonos por el atraso. Le explicamos la pelea a la profesora Ximena y nos entendió.
La hora de Historia se había pasado lenta. Lily a veces me hablaba y me hacía sentir mejor, pero… estaba colapsando. Sentía una angustia terrible. Un nudo en mi garganta era lo que me impedía hablar de corrido.
Habían tocado y me levanté rápido para ordenar mis cosas. Lily me imitó y también guardó sus cuadernos. Michael estaba en la puerta de mi salón. Le lancé una mirada sin mayor expresión.
-          - ¿Vamos? – Me tomó del brazo Lily, sin tomar en cuenta a Michael.
-          - Estefi… haré cualquier cosa, pero perdóname – La voz suplicante de Michael era estresante. Me hacía sentir culpable de algo estúpido.
-          - Vuelve el tiempo atrás, eso me haría feliz – Dije deteniéndome y mirándolo a los ojos.
-          - Deja que piense bien las cosas Michael, ella no está muy bien. No la agobies más. Mañana será otro día – Susurró Lily a Michael, después de que yo ya emprendiera viaje hacia la salida.
-          - Ok… gracias Lily y… de verdad, fui un estúpido y lo sé. Pero… la quiero mucho y no quiera verla sufrir por imbéciles cómo nosotros – Refiriéndose a Logan y a él mismo.
-         -  Ella no está así sólo por ustedes, aunque también influye mucho. Pero bueno… paciencia y méritos.
-          - Gracias, adiós – Michael salió por la otra puerta, y Lily me siguió afuera. Le pedí que me esperara. Necesitaba llamar a Adrien.
Contesta, contesta, contesta, repetía cada vez que escuchaba el sonido de espera en su celular.
-          - ¿Aló? ¡Adrien! Gracias al cielo me contestas, ¿Puedes venir a buscarme?
-          (Al otro lado del teléfono) Estoy aquí.
-          - Gracias, GRACIAS – Dije luego de que me cortara.
Lily estaba mirando su celular. La llamé y le avisé de un taxi. Mi taxi, decía mi cabeza.
-          Adrien, perdóname por favor  - Le vi su expresión. No estaba nada de contento, y no era para menos. No alzó la mirada. Sólo dejar caer su cabeza hacia su lado izquierdo, en señal de cansancio.
-          - Gracias. Buenos Días – Saludó Adrien a Lily luego de subirse al auto.
-          - Buenos días señorita, ¿A dónde va? – Adrien me ignoraba. TODO MAL.
-          - Eh, dile Estefi – Me susurró Lily.
-         -  Vamos a Lexington Avenue señor – Dije siguiéndole el juego. Si quería recuperar su confianza, no servía de nada ponerme en la misma actitud de él.
-          - ¿Van juntas? – Preguntó observando a Lily.
-          - Sí – Respondió ella.
El resto del camino fue normal y callado. A veces olvidaba que Adrien estaba manejando y me parecía haberme subido a un taxi cualquiera.
Sin decirle nada, él ya sabía donde estacionar. Al parecer no hizo problema con eso.
-          - Gracias – Dijo Lily al estirar su mano para darle dinero.
-         -  No señorita, este viaje fue gratis, su simpatía causó eso – La voz de Adrien sonó como de costumbre y  miraba a Lily con dulzura.
-          - Oh, qué gentil, muchísimas gracias…
-          - Adrien.
-         -  Adrien, gracias – Lily se bajó del auto y se encaminó hacia la puerta de mi block.
-          - Adrien, ¿Cuándo podremos hablar? – Pregunté suplicante.
-          - Cuando se digne a llamarme para decirme que no la valla a buscar – Respondió en tono seco, observando por la ventana.
-         -  Adrien, perdóname, soy una tonta, pero se me olvidó – Fue mi excusa.
-          - Ayer no le pude decir a Johnny nada de usted. Me preocupó muchísimo – Su nombre otra vez. Lo extrañaba demasiado… y era difícil tener que soportar hablar de él sin tenerlo en carne y hueso.
-          - Lo sé… perdóname…
-          - ¿Desea mejor que no vuelva más y así no tenga que preguntarle absolutamente nada? Digo… para que viva su vida normal – Fue su sentencia.
-          - ¡No! Claro que no, debes… venir, siempre, ¡todos los días! Eres el único recuerdo que tengo de que todo fue real y no un simple sueño. Si tú te vas, no me quedaría nada. Eres una persona muy importante para mí. -Te quiero mucho Adrien y perdóname por todo lo que te he hecho, por lo de William, por no contestar el teléfono, por no llamarte, incluso… por mentirte. Si tú deseas irte… no, no sé qué haría… yo…
-          - No me iré. No la dejaré sola. Y ya me quedo claro que lo siente. Yo también la quiero mucho – Dijo al ver en mis ojos, un brillo que se forma cuando estás a punto de llorar. Me acarició el hombro y me tomó el mentón. Una sonrisa curvó su rostro en forma de paz. Me impresionaba su tranquilidad ante todas las cosas. Él era muy sabio y yo eso… lo admiraba.
-          - Gracias… de verdad, yo… gracias –Lo abracé de costado ya que él estaba en el asiento de adelante.
-          - Ya, vallase, no haga esperar a su amiga – Fue lo que escuché mientras se desprendía de mis brazos y me tocaba la espalda.
-          - Luego… te pasaré algo para Johnny... ¿Puede ser? – Sonreí algo nerviosa.
-          - Claro… él estará muy feliz – Una sonrisa confirmó el dicho. Me bajé del auto y el puso el cambio para dar marcha  atrás y abrirse paso a la calle.
-          - ¿Qué ha pasado? – Preguntó Lily curiosa.
-          - Después te cuento – Le dije tomándola del brazo para dirigirnos a la puerta.

Entramos al ascensor sin preámbulos. William estaba tan concentrado en su libro de criaturas místicas que casi ni nos vio al entrar.
Abrí la puerta con las llaves que había sacado antes de bajarme del auto y entramos. Lily tiró su bolso a un lado del sillón en el cual se sentó.
-          - Bueno… ya llegamos, ahora me debes una explicación – Acusó recostándose cómodamente en el sofá.
-          - Ok… no creerás nada de lo que te contaré y lo entenderé, pero antes de cualquier cosa, no me tildes de loca, porque aunque parezca imposible, las cosas sí pasaron – La verdad es qué no podía creer que había pasado dos noches con el amor de mi vida, pero sí podía entender el distanciamiento. Era lógico. No podía ser perfecto y cuando todo comenzó, era muy perfecto para ser real. Su sólo recuerdo bastaba para que pudiera vivir.
-          - Oye, yo sé que no estás loca y lo entenderé sólo… dilo.
-          - Conocí a Johnny… Johnny Depp – Cuando hice esta declaración, no pude evitar sonreír hasta sonrojarme. No sabía si gritar o llorar de la emoción, pero me contuve. Los ojos de Lily se abrieron como plato y me miraron sorprendidos.
-          - ¿Qué? ¿Cómo ¿Cuándo? – Su voz se exaltó junto con sus facciones y probablemente con los latidos de su corazón.
-          - Tranquila… te lo explicaré. El día de mi cumpleaños, después de verlos a ustedes, me vine a mi block, pero antes pasé a la disquería, esa que tú también conoces. Entré y… me encontré con… Johnny. ¡Johnny Depp amiga!
-          - No… puedo creerlo – Su boca estaba abierta, sorprendida totalmente.
-         -  Te lo dije… es casi… ¿imposible? – Me pregunté a mi misma, pero con los ojos puestos en su expresión.
-          - Es que… ¡AH! ¡Debes seguir, cuéntame más! – Se exaltó Lily.
-          - Ok, ok… después de verlo me acerqué a saludarlo, claro, y… conversamos un rato, ¿5 minutos? Y me regaló un CD. No lo podía creer. Me contuve para no gritar. Mi corazón… quería estallar.
Después, la gente comenzó a darse cuenta de lo que ocurría, y gritaba su nombre, su apellido, en todos los idiomas y formas. Me tomó de la mano y me llevo a un ascensor. Me preguntó mi nombre, le dije que estaba de cumpleaños, me abrazó. ¡Me abrazó! Un abrazo tan cálido, tan… de él. De esos que siempre había esperado.
- Luego dijo que le gustaba mi nombre y… y…
-         -  ¿Y qué? – Preguntó Lily, al darse cuenta de que me perdía en los recuerdos.
-          - Y nos besamos. Nos besamos como… nunca había besado a alguien. Fue tan… ¡JOHNNY! Sexy, tierno, hermoso, candente, sensual... y sus labios. Sus labios carnosos me… envolvieron. Cuando lo besé, te prometo, el mundo se detuvo. Completamente.
-          - Que… hermoso – Su sonrisa sorpresiva y su mirada perdida, fue lo que causo mi risa.
-         -  Fue perfecto. Y además… después me llevo a su cuarto personal. ¡NO PODÍA CREERLO! Pasé la noche con él Lily. Y No me arrepiento. Me podrán decir muchísimas cosas, pero no me importa nada. Fui feliz, su recuerdo me hace feliz.
-         -  ¿Pasaste la noche con él? ¿LO HICIERON? ¡No puedo creer que te hayas aguantado en decirme esto! – Gritó Lily, indignada.
-          - ¡NO! No lo hicimos. Ojalá lo hubiéramos hecho, es lo que más quería, pero él… es diferente. Él quiere ir de a poco. No quiere obligarme a nada ni hacer nada que pueda comprometerme. Me protege.
-          - Ok…Pero… esto es tan extraño… ¿Por qué primero me dices que es un recuerdo que te hace feliz, pero… luego hablas en presente, como si… aún estuviera aquí, contigo? No entiendo… - Su voz se tranquilizó, y me observó meticulosamente con sus ojos aún hecho platos.
-          - Mira… él necesitaba su espacio. Yo acepté porque… no quiero… no quería ser una carga en su vida. Pasó todo tan rápido que… no sé. ¿Recuerdas al chofer del taxi que nos trajo acá? Bueno… él es un muy buen amigo de Johnny. Johnny le dijo que fuera mi chofer personal o algo así, porque esto no era una despedida. No me iba a zafar tan rápido de él. Me quería…
-         -  Te quiere – Corrigió ella.
-          - Es lo que más espero. Al menos… si no lo vuelvo a ver…  sé que nada cambiará en mi corazón. Incluso a veces creo que todo esto… fue un sueño, pero luego… veo a Adrien, y… gracias a él me doy cuenta de que… no estoy tan loca. Si él se va… todo se va. Es por eso que he estado tan… extraña últimamente. Mi cabeza y mi corazón, no están bien conectados y no concuerdan en nada.
-          - Amiga… yo estaré contigo en esto. Y te diré algo; Él te quiere, pero… si no vuelve… mereces algo mejor.
-          - No hay nada mejor después de él.
-          - ¿Michael? – Preguntó Lily.
-         -  Michael… No sé lo que siento por él. Cuando lo besé, fue… muy lindo pero… es imposible  comprarlo con Johnny. Johnny es… otra cosa. A Michael lo quiero mucho también, y tengo miedo a hacerle daño.
-          - Le estás haciendo daño, aunque no quieras. ¿Qué harás cuando se enteré de todo esto?
-          - No lo sé. No me siento preparada para decirle. No soportaría ver su expresión. Él… ha sido el único que me ha sacado una sonrisa en estos días. Una sonrisa verdadera.
-          - Entonces… acércate más a él. Intenta ser feliz. Sé que es fácil decirlo, y muy difícil intentarlo, pero…
-          - Es casi imposible – Mi voz se agudizó.
-          - Estefi… ven – Me abrazó – No quiero hacerte sentir mal amiga. Te quiero muchísimo y creo todo lo que me dijiste. Sé que te hará mejor escuchar algo positivo, asique… Piensa que Johnny te quiere y regresará, ¿ok? Yo también espero eso, con todo el corazón – Lily me acercó a su pecho. Unas lágrimas cayeron por mi rostro. Mi pecho estaba apretado y el agujero que se había achicado en tamaño, se agrandaba más que nunca.
-          - Necesitaba desahogarme – Dije al separarme de ella – Gracias. Mañana… te pediría que estuvieras conmigo todo el día. No quiero estar con Jorge, ni con Michael, y menos con Logan. No quiero nada con nadie.
-         -  No tienes ni que preguntarlo amiga. Incluso si quieres mañana vengo a dejarte a tu departamento – Me ofreció con voz dulce.
-          - Bueno, sólo si quieres Lily, no quiero… parecer una frágil humana.
-          - Algo así eres amiga… el amor nos vuelve frágiles a todos – Una sonrisa se asomó por su rostro.
-          - Tantos problemas míos… y no sé nada de ti. ¿Qué ha pasado con Jorge? – Pregunté secando mis lágrimas con un pañuelo que me acercó Lily.
-          - ¿De verdad quieres saberlo? Lo tuyo es mucho más importante que lo mío. Y no me digas que no – Me advirtió antes de que le respondiera.
-          - Pero quiero que me cuentes, te escucho – Me acomodé en el sillón.
-          - Bueno… no pasa nada. No creo que lleguemos a ser… algo más – Su rostro trató de mostrar alegría y desinterés, algo evidentemente imposible.
-          - Tienes que luchar Lily. Es un hombre y por ende no se da cuenta de las cosas tan rápido. Te aseguro de que si… le das una empujadita, caerá rendido a tus pies – A esta última aclaración, su rostro se iluminó con una leve sonrisa.
-          - Gracias Estefi… lo haré.
-          - Ya es tarde, quieres… ¿dormir acá? Yo te presto ropa – Pregunté levantándome del sillón para ir al baño.
-          - Me encantaría, llamaré a mi hermana – Contestó y marcó a su casa.
Después de todo, mi corazón sensible había callado por tanto tiempo, que desahogarme era un alivio.