Vida Privada.
Capítulo IV
Era la mañana del lunes… y no uno cualquiera. Era un lunes
que llegaba de improviso después de un fin de semana lleno de emociones de todo
tipo. Me desperté de golpe viendo que eran las 10 y yo tenía que estar en la
universidad a las 11:25, ¡QUÉ HORROR! Grité para mis adentros, levantándome de
la cama y corriendo hacia la cocina. Puse el hervidor rápidamente y lavé el
termo. Lo dejé a secar y entré en la ducha. Las mañaneras neoyorkinas se habían
puesto excesivamente heladas, asique puse el calefactor a una temperatura apta para
el día. Creo que me ayudo mucho sentir el agua caliente entrar por mis poros.
Salí a trompicones del baño y encendí el televisor. En las noticias mostraban
el tiempo, ¡Enhorabuena! Grité feliz, mientras me moría de frío. Decían que el
resto del día estaría helado y que para las 4 de la tarde la temperatura
ambiental podría subir a 13 o 15 grados. Fui a la cocina con la toalla a punto
de caerse y desenchufé el hervidor. El agua estaba caliente y lista para ser
servida. La puse en el termo con café en granos y ¡listo! Mi desayuno estaba
preparado.
Corrí hacia la habitación y me vestí deprisa. Jeans, polera
manga larga roja, zapatillas, y un gran y grueso polerón plomo con botones.
Corrí al living y apagué el televisor. Ya eran las 10:45 y no tenía como llegar
a la hora. Rebusqué en mi cabeza lo que podía hacer y ¡BAMG! ¡Adrien! Claro,
cómo olvidarlo. Tomé mi celular rápidamente y le telefoneé.
-
¿Aló Adrien? Sí sí, soy yo. ¿Puedes venir a
recogerme… rápido? Ah, muchas gracias, márcame apenas llegues, ok, adiós.
¡Me salvé! El señor P. Edison era un monstro viviente cuando
uno llegaba un minuto tarde a su clase. Además no tenía ganas de escuchar
sermones, menos hoy. Fui a buscar mi mochila ya algo gastada y la llevé al
sillón, donde me senté y tomé unos sorbos de mi termo caliente. Me acordé de
llevar conmigo una bufanda bien gruesa que tenía. Corrí a buscarla y me la
coloqué encima. Eran las 10: 57 y sonaba mi celular. Adrien había llegado. Bajé
las escaleras para entrar en calor y llegué abajo. Le grité un ‘nos vemos’ a Will tras cerrar la puerta
para no voltear.
Adrien y yo nos saludamos de beso en la mejilla y él hizo
una reverencia para abrirme la puerta. Yo agradeciéndole, entré y me senté.
Antes de partir vi la cara de desconcierto de Will al verme subir a tal auto
con un chofer a tal auto, evidentemente ajeno a mí. Traté de evadir su cara de
desconcierto.
El viaje transcurrió tranquilo, la mayor parte del tiempo en
silencio. La música era relajante… para cualquier persona excepto yo. Al llegar
a la universidad, abrí la puerta muy rápido para que no se viera que tenía chofer personal o algo por el estilo. No
soy engreída ni tampoco me jacto de lo que tengo ni lo ando exhibiendo como si
fuera algún trofeo o algo de más valor. He aprendido a reservarme mi felicidad,
porque muchos no la quieren oír. Adrien se dio cuenta, y me miró sorprendido.
Me sonrió y, sin bajarse, cerró la puerta. Me encaminé hacia la puerta, donde
entraban más compañeros, pero ninguno conocido. Yo les seguí y saludé al
inspector de turno, esta vez era Jared. Apuesto, flaco y de mi porte, pequeño
podría decir. Me sonrió y seguí mi camino.
Llegué a mi casillero correspondiente y vi mi agenda de
horarios. Leí que me tocaba Biología, lo cual odiaba. Al cerrar la pequeña
puerta de metal rojizo, se asomó la cabeza de Michael, la que me asustó tan
imprevistamente. Él se asustó también y rió. Michael era un buen muchacho,
quitado de bulla y muy alegre, era alguien agradable. Me gustaría haber sido
más expresiva, pero me era imposible.
-
Oh, perdón… no quería asustarte – Me miró
riéndose, haciendo gestos con las manos. Esos que yo solía hacer de manera
frecuente frente al… mundo.
-
Sonreí débilmente – No hay problema…– Le dije
tratando de concentrarme en la pronta charla que íbamos a tener.
-
En realidad… vengo a contarte de mi piscina…– Musitó
con una mano apoyada en los otros casilleros.
-
¿Vienes a alardearme de tú piscina? No lo
esperaba de ti – Dije en tono sarcástico.
-
¡No, no!, tú me conoces… no, no hago este tipo
de tonterías – Me dijo hablando casi para el suelo pero en voz alta.
-
Menos mal – Dije pareciendo aliviada.
-
Te quería invitar – Soltó de repente.
-
Qué… sorpresa – Amaba las piscinas, pero… estar
con… hombres no era un buen panorama en estos momentos. La verdad es que, estar
con gente no era un buen panorama.
-
¿Estás bien? – Dijo notando mi expresión.
-
¡No!– Dije algo alterada – No…estoy bien… solo
que… no estoy de ánimo.
-
Te haré el ánimo – Dijo riendo – Soy un experto
– Farfulló soplando sus uñas y limpiándolas contra su polera azul. Me hizo
sonreír ocasionalmente.
-
¿Cómo harás eso? – Quise parecer interesada,
pero poco o nada logré.
Estaba dispuesta a caminar con un libro en la mano. Romeo y
Julieta, un clásico.
-
No creo que sea tan difícil… - Me dijo mientras
caminábamos.
-
Yo creo que sí… No te esfuerces… yo – Me
interrumpió.
-
No importa… me gustan los retos – Dijo sonriendo
al suelo.
Después de unos cuantos metros caminando y antes de que yo
le respondiera inesperadamente, Logan se integró a nuestra caminata.
-
Mish, mira quién es, la que se ausenta de mis
fiestas, ¿eh? – Me miró haciendo un gesto de decepción, quitándole protagonismo
a Michael.
-
No seas pesado, Lily te dijo que tenía que
salir.
-
Con tú pololo me dijo ella – Logan era tan
impredecible que de un momento a otro te podía estar agarrando el pelo sin que
tú no lo notaras. Pero esto lo creí. Estúpidamente lo creí.
-
No te pudo haber dicho eso – Me detuve y lo
agarré del brazo.
-
¡Uy! Asique… ¿es verdad? – Me miró y levantó una
ceja.
-
No… hagas eso. Y no es verdad, fui a comer…
-
¡Con tú pololo! – Me gritó desde adelante
Harold, a lo que sus amigos rieron. No sé qué onda con los hombres hoy día. Debería
haber sido un lunes normal, pero de pronto las hormonas se les alborotan. La
verdad es que sí era extraño que se anduviera comentando por ahí acerca de mi supuesta relación. Fuera cierto o no, no
les incumbía. Mis amigas y amigos más cercanos me habían apodado la inconquistable. Me gustaban las cosas
serias… algo que pocos entendían.
-
Andan revolucionados parece – Dije al viento
pero mirando a los otros chicos, de forma seria.
-
¿La inconquistable
ha sido conquistada? – Logan arqueó
su ceja nuevamente y al taparle la cara con mi libro, su pelo muy Robert Pattinson se despeinó.
-
Basta – Le dije en tono de advertencia.
-
Ok, ok, no te molestaré más, pero… ¿Harás algo
el viernes? Me debes una salida – ¿Eso sonó a cita o qué? Dios, no podía ser tan
solicitada por medio mundo, en especial hombres, justo cuando me acosté con el ser
que me ha quitado el sueño durante casi 14 años. ¡No puedo! Grité para mí.
-
Lo tendrá ocupado – Saltó Michael de repente.
Mis ojos se detuvieron en él por un momento sin entender nada aún.
-
Ni me había fijado de que estabas allí Looper – Ambos
cruzaron sus miradas con cierto odio.
-
Basta – Les dije a ambos, deteniéndome en medio
del camino – No he aceptado salir contigo Michael.
-
¿Ves? – Dijo Logan sarcásticamente.
-
Ni contigo Logan. Asique… déjenme tranquila ¿sí?
– Y me adelanté a ellos.
Esperaba no encontrarme con nadie hasta la sala, pero… fue
imposible.
-
¡Hola
vieja! – Me tomó del brazo y me besó en la mejilla. Era Lily, ambas íbamos a la
clase de Biología.
-
No me
llames así, soy joven – Le dije sin gesto alguno.
-
Si eso dices… - Dijo sin desviar la vista del
frente – Asique… ¿estás pololeando? – Soltó justo cuando Jorge se acercaba a
saludar.
La cara de Jorge no me agradó, y menos a Lily. Ambas nos
miramos, y él miraba a Lily.
-
¿Pololeando? – Preguntó extrañado Jorge.
-
Lily yo nunca te dije eso. Tenía una comía con
mis papás y dormí en su casa – La mentira tenía hambre y debía alimentarla para
que no explotara.
-
¡Mmm! Después hablaremos. Ya serán las 11:00 –
La hora se había hecho eterna.
Jorge tomó mi brazo – ¿Nos
veremos hoy en la tarde? – Trató de sonreír.
-
Estaba pensándolo y… sí. ¿Dónde? Y ¿Cuándo? –
Solté aparentando estar interesada.
-
Al terminar la clase nos vamos juntos – Su
sonrisa ahora era normal.
-
Oh, claro, ahora, tengo que irme – Dije algo
nerviosa por la hora.
-
Si si, disculpa, nos vemos – Escuché al alejarme.
Entré y Lily me llamaba con la mano. Me acerqué a mi puesto
y dejé el bolso, luego me senté.
-
¿Qué pasó? Al parecer se puso celoso – Dijo algo
disgustada.
-
Oye, tú sabes que él a mí no me gusta y… tampoco
creo que yo le interese tanto… creo que se molestó porque… no le conté, eso es
todo.
-
O sea que… ¿lo estás afirmando? – Su cara
cambió. Ahora parecía a la de una fan que ha descubierto que su ídolo usa sus mismas
zapatillas.
-
No, no, no he dicho eso. He puesto el caso
hipotético – Traté de arreglar.
-
No te creo nada, ¿Porqué no me cuentas? Somos
amigas ¿o no? – Me miró con cara de cachorro.
-
Primero, no me compro con esa cara y segundo, no
puedo decirte nada… no hablemos más del tema – Era doloroso pero placentero
hablar de Johnny. Ni yo entendía muy bien lo que sentía al pensar en su nombre,
en su anatomía, en su.... Todo. De lo
qué si estaba segura era de qué… me encantaba.
-
Bueno, pero no te enojes.
-
No estoy enojada, estoy… no sé, extraña.
El profesor había llegado, nos pusimos de pie y saludamos.
Era alto y canoso. Más o menos 55 años.
-
Buenos días alumnos, pueden tomar asientos y
sacar sus libros, en la pág. Que habíamos quedado la semana anterior.
-
¿Qué…página? – Protesté. Se me había olvidado
por completo.
-
Tú… ¿Me estás preguntando eso? No puedo creerlo
– Me dijo atónita Lily.
-
No revisé mis cuadernos el fin de semana – Dije
hojeando el cuaderno en busca de una salvación.
-
¿Y qué te tomó tanto tiempo? – No me miró, si no
que sonreía mirando la hoja de su cuaderno.
-
Sólo… se me olvidó – Repuse seriamente, mientras
mi mente imaginaba todas las posibles respuestas a esa pregunta.
-
Ok… te la doy, yo te debo muchas amiga – Dijo
con la vista en su cuaderno.
-
¡Gracias! De verdad, gracias – Musité,
recogiendo el cuaderno que luego me quitó en fracción de segundos.
-
No tan rápido… ¿me explicarás el enredo de
mentiras que has acumulado? – Me miró con la vista alta.
-
¿Acaso no puede tener vida privada? – contesté sonriendo.
-
¡No pues! Además que el amor es algo tan hermoso
que cuando se quiere de verdad, no se anda escondiendo – Esta frase hizo
sentirme mal. Hizo que un agujero en el pecho, más bien llamado corazón, se
abriera y se mostrara en todo su esplendor. Me sentí tan mal, que me acordé de
Johnny, y de… todo. Absolutamente todo. La recopilación de hechos pasados en mi
cabeza como una cinta en play, hizo
que perdiera, por un momento, la noción del espacio. ¿Johnny me quería como
decía hacerlo? Sabía que no me amaba como yo a él, pero decía que me adoraba, e
incluso Adrien dijo que él me necesitaba, necesitaba alguien como yo. Entonces…
¿Qué me pasaba? ¿Por qué dudaría de su palabra? Y si fuera así… ¿Cambiarían en
algo mis sentimientos hacia él? La respuesta era tan clara que hasta me
arrepentí de haberme formulado esa estúpida pregunta en mi cabeza. Lo que una
vez le dije a él, todavía seguía manteniéndolo firmemente.
Yo te
amo y eso no lo cambiarás ni con mil mentiras, ni con mil errores.
-
Hey… ¡Estef! ¿Estás bien? – La voz de Lily
irrumpió el silencio que yo había establecido fuera de mi ser ya que dentro de
mí, no era precisamente un silencio lo que había. Era una maldita disputa de
sentimientos encontrados que al parecer no acabaría nunca.
-
Sí – dije titubeando.
-
Ok, creo que otro día hablaremos de eso… ¡copia
ya! – Dijo observando mi mal estado.
-
Gracias – Mi cabeza no estaba cuerda en ese
momento.
La clase pasó lentísima. No hallaba la hora de salir y
cambiar de materia. Después de esto, tocaba Lenguas, algo que de verdad me
gustaba mucho más, pero que… estando así, no podría disfrutar como hubiera
deseado.
Al fin escuché el timbre. Tomé mis cosas y bebí un sorbo de
café que aún quedaba. Lily me apuró y ambas salimos del salón. A la salida nos
encontramos con Jorge. Él me miraba directamente y me pidió hablar a solas.
Miré a Lily esperando a que entendiera que no quería quedarme sola con él, y
ella lo hizo.
-
Tenemos cosas que hacer, ¿No puede ser otro día?
– Dijo Lily tratando de convencerlo.
-
No me tomará mucho tiempo. Estef, por favor… -
Me miró suplicante.
-
Ok, no más de 10 min. Tengo que… estudiar – Lo
miré y luego acordé juntarme con Lily en la fuente de sodas.
Lily se fue y me quedé con Jorge. Me invitó al patio a
conversar más tranquilamente. Acepté y ambos nos sentamos en los bancos vacíos.
-
¿Estás bien? – Era la última pregunta que quería
oír. Miré el suelo por unos cuantos segundos pensando en qué responder. Mi
cabeza estaba absolutamente vacía.
-
Ha sido un fin de semana algo… alocado – Busqué
la palabra para no delatarme.
-
Y… ¿Eso es bueno o malo? – Me preguntó atento.
¿La verdad? No lo sé. Lo que sí sé, es que
fue el mejor cumpleaños que he tenido. Pero mira, se han… - Quedé callada,
recordando cosas, nuevamente.
-
Se han especulado muchas cosas – Completó mi
frase de forma asertiva.
-
Exacto, y… yo no diré nada. No echaré más leña
al fuego, ¿Entiendes? Como mi amigo, debes apoyarme y no preguntarme más de
esto. Yo… te contaré cuando llegue el momento. Lo único que debes saber, es que
no es nada grave y que estoy feliz, pero no completamente y eso no lo cambiará
nada ni nadie – Sólo alguien, pensé.
-
Hey, te entiendo. No te presionaré, pero quiero
que confíes en mí – Me abrasó fuertemente.
-
Gracias – Sentí que con Jorge podía expresarme.
Podía sacar lo que me apretaba el pecho. Pero en este caso, no ocurrió del
todo.
Me junté con Lily y 3 chicos más de otra clase. A uno lo
conocía de la clase de español, y los otros eran amigos de Lily. Miraba mi
celular constantemente. El día transcurrió frío y monótono para mí. Moría por
llamarlo y decirle que lo amaba, pero desistía. Durante el día me costó mucho
concentrarme y respirar normalmente. En medio de la hora de almuerzo, sentí un
vacío en el pecho que no se llenaba con comida. Por suerte, nadie lo notó.
Jorge parloteaba con Lily y ambos reían. Me sentía feliz verlos juntos, porque
sabía que así debía ser.
Al baño me acompañó Tiare, una compañera de años que era muy
simpática. A Tiare le gustaba mucho logan y comenzó a contarme de su reciente
conversación. Yo escuchaba sin tener mucho de qué opinar, asique solo asentía y
sonreía cuando encontraba necesario. Ambas caminamos hacía el salón de lenguas.
Ella se sentó a mi lado durante la clase y con los chicos se reían muchísimo de
las tonteras de Martín y Tom, los payasos de la clase de Lenguas. Luego
vinieron dos clases más. Música y Artes. El día ya había llegado a las 5 pm y
salimos de clases. Antes de juntarme con los chicos para estudiar, llamé a
Adrien para decirle que me esperara en el Blockbuster más cercano. Nos veríamos
allí dentro de dos horas. En tanto, divisé a Lily con Jorge en un lado del
pasillo y al otro Mary y Paul, pareja desde hace ya 2 años. Ellos también estarían
con nosotros. Tyler vendría solo extrañamente. Era un inseparable de Logan,
pero al parecer, se tomó en serio lo de estudiar.
Me acerqué a Tyler con el libro de Romeo y Julieta en las
manos. Él se colocó al lado mío y se integraron Jorge y Lily. Más allá les
hablamos a Mary y Paul, quienes de las manos, acariciándose se acercaron a
nuestras espaldas. Se me olvidaba decirles, vamos a casa de Tyler.
En el camino, cosas triviales como el clima, las clases y en
especial las vacaciones ocuparon gran parte del itinerario. Yo en muchas
ocasiones me ponía a leer en el camino, pero me era difícil seguir la lectura con
Tyler y Jorge riéndose tan fuerte. Al fin habíamos llegado. El camino no se me
había hecho cansador, de hecho, no me había dado cuenta de que habíamos llegado
si no hubiera sido por Tyler que me confirmó.
Su casa era muy hogareña, lindísima. Vivía con su hermano de
19 años, quién estudiaba en una universidad privada y que justo ese día había
ido a la casa de un amigo. Al entrar sentí el olor a hombre común en una casa
donde solo residen varones. Sonreí para mis adentros al escuchar el mismo
comentario de Mary y Lily. Los 6 nos adentramos a la cocina, y Tyler nos sirvió
café o té con galletas de chocolate según el gusto. Le ayudé a Tyler a llevar
las cosas al comedor y todos nos sentamos. Cada uno al lado de sus respectivas ‘parejas’
si es que así se podía llamar a un grupo de personas en las cuales solo 2
estaban comprometidas. Yo me senté al medio de Jorge y Tyler. Bueno, la verdad
es que ellos se sentaron a los lados míos. No me sentía incómoda como pensé que
estaría, la verdad es que no me importó en lo más mínimo. Si Michael y Logan
estuvieran aquí, podría ser distinto, pero ni así. La tarde pasó tranquila. Me
sorprendió que el estudio rindiera de tal forma que del cuaderno de Historia,
solo faltaran 2 unidades de 6 que habíamos visto.
Eran las 7:00 y tomé mis cosas. Mary y Paul ya se habían ido
tan acaramelados como de costumbre. Sentí que el vacío del pecho se agrandaba y
preferí apartarlo de mi cabeza aunque fuera casi imposible. Me despedí de Jorge
y Lily. Tyler me fue a dejar a la puerta y nos despedimos con un abraso.
-
Gracias por invitarme, la pasé muy bien – dije
un poco desconcentrada abriendo mi bolso en busca de mi celular.
-
De nada, estuvo entretenido, se podría repetir –
me dijo con una sonrisa amplia.
-
Claro, ahí nos organizamos, adiós – Le dije con
un gesto.
-
Adiós, cuídate – Escuché al alejarme.
Y Cuando un nuevo Cap. ? Saludos Estefy :)
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