El agujero en mi
pecho.
Capítulo V
El viento corría fuerte y mi cabello lo notaba. Marqué a
Adrien y le expliqué que iba llegando. Él me contestó que ya estaba allí. Ambos
cortamos y llegué a paso largo. Miré su auto y le hice una seña con la mano
para que me esperara. Él entendió y se subió al auto.
Entré a la cadena de alquiler y me fui directo hacia las
películas. Tomé Orgullo y Prejuicio, y 3 más de… Johnny, claro. Me dirigí hacia
la caja y las mostré ante la cajera. Ella estiró la mano, recogió el dinero y
sería. Salí con rapidez y Adrien me alcanzó. Me abrió la puerta y me dejó
pasar.
El camino hacia mi departamento fue diferente. Adrien estaba
más conversador y más preguntón qué nunca.
-
¿Cómo ha estado el día? Bien helado me parece –
Preguntó curioso.
-
La verdad es que amo el frío, asique no me
complico – Contesté mirando por la ventana.
-
Y… ¿Está bien? – Hubo un silencio.
-
Sí… – Mentí.
-
¿Segura? – Me preguntó como si no supiera nada.
Le seguí el juego.
-
¿Cómo te sentirías si tomas la decisión de
alejarte de una persona a la que quieres mucho, pero la extrañas tanto que
piensas en el dicho, la carne es débil?
– Solté desahogándome.
-
Bueno, yo esperaría, y me acordaría de otro
dicho bien conocido que dice que lo bueno
se tarda, espero que de algo sirva. –
comentó sonriendo.
-
Eso creo… gracias Adrien. Él… ¿está bien? –
Musité quitándome un gran peso de encima.
-
Si se refiere al Señor Depp, él está bien – Al parecer, Adrien sabía bien que su nombre
me causaba una sensación particular indescriptible.
-
Qué bueno… - Dije con los ojos puestos en el
piso.
-
A él le interesa saber de usted, ¿Qué podría
decirle? – Dijo serio.
-
Creo que… lo mismo que me has dicho tú. Que
estoy bien – Respondí seria, respirando hondo muchas veces seguidas.
Habíamos llegado a mi departamento. Lo hice pasar a tomar un
café, pero tenía otros planes. Lo miré de reojo intentando averiguar lo que
ocultaba, pero no conseguí nada, solo que su sonrisa pareciera culpable. Entré
a la recepción con mi bolsa llena de películas. En esta ocasión no podía zafarme
de Will. Leía su libro acerca de los dioses griegos y lo interrumpí.
-
Ok, te debo una explicación – dije rendida.
-
Oh, bueno… - Dejó de lado el libro al notar mi
acercamiento.
-
Tengo chofer – solté al fin.
-
Por un momento creí que empezabas a salir con un
viejo – Me causo gracia, pero no lo suficiente como para reír – Pero… ¿chofer?
¿Regalo de cumpleaños? – Preguntó intentando adivinar.
-
Eh, algo así. Es como… un recuerdo… algo por
unos días – Dije distraída.
-
Debe tener mucho dinero quién te lo alquiló.
-
Es… lo de menos – Agaché la cabeza, acordándome
de Johnny.
-
Claro, cuando se está enamorado, suele pasar eso
a segundo plano – Me dijo levantando las cejas.
-
Eh… bueno subiré a ver películas – Dije
encaminándome al ascensor, evadiendo la certeza de las palabras que acababa de
escuchar.
Él lo notó y se rió. El ascensor llegó y subí deprisa. Una
parte de mí quería llegar a mi habitación y poner las películas para admirar su
perfecto rostro una vez más, pero la otra… prefería llorar, dormir y olvidar
todo. ¡Qué masoquista soy por la mierda!
Al entrar a mi departamento, lo primero que hice fue
prepararme un té caliente. En casa de Tyler solo comí una galleta y casi no
toque mi café. No sabía lo que me pasaba. Lo que sí sabía era que no tenía
fuerzas para absolutamente nada. Ni siquiera para comer.
Encendí el televisor y empezó el doloroso entretenimiento. Empecé con the man who cried. Después
seguí con The libertine para terminar
con…The ninth gate. Todas películas
con un denominador común… Johnny Depp. Qué
deleite más torturador, pensaba en mi cabeza, con lágrimas cayendo de mis
ojos. El agujero de mi pecho aún persistía y cuando lloraba sentía como se
agudizaba más y más la agonía que emitía el vació en mi interior. Eran las 6 de
la mañana y no pensaba ni siquiera en dormir. Ya dieron las 8 y me dormí,
vencida por el cansancio. Mi despertador no sonó y no me intereso. No pensaba
ir a clases hoy. Eran las 11 y agradecí al cielo porqué no sonaba mi teléfono.
Pero esto no duró
mucho tiempo. Eran las 12 y mi celular tocó su repentina canción.
-
¿Aló? – No sé quién sería el peor. Ni siquiera
quería imaginármelo.
-
¿Señorita Estefanía? – Del otro lado del
teléfono, era indiscutiblemente reconocible el modulo usado por Adrien hacia
mí.
-
Adrien… yo – No me dejó terminar la frase.
-
¿Qué ha pasado? ¿Te fuiste a clases sola? – Me
acusó Adrien, algo alterado.
-
Adrien tranquilo. Perdóname, no fui a clases.
-
¿No? ¿Estás enferma?
-
No, solo… qué estoy algo cansada – Mi cama
retumbo por la caída que hice hacia la almohada.
-
¿Necesita algo? – Esa pregunta era muy amplia.
Necesitaba solo una cosa. Más bien… a una persona. Estaba más que claro que no
podía ser tan fácil. Debía probar si él era feliz así…sin mí. Tal vez estaba
sofocándolo, sin darme cuenta. Debía comprobar esa opción.
-
No, nada Adrien, gracias. – Mentí.
-
Bueno… cualquier cosa, estoy a un llamado,
cuídese.
-
¡Oye! Adrien… solo una cosa – Pensé bien las
palabras antes de que salieran de mi boca. Al otro lado del teléfono no escuché
ruido alguno. Por un segundo pensé que me había cortado – No le cuentes a…
nadie, por favor – Le rogué. Él sabía a quién me refería específicamente.
-
No hay problema – Me dijo serio.
-
Gracias – Suspiré. Ambos cortamos. Había una
parte de mí, no sé ni entendía cual era, pero hacia que me sintiera mal de mis
propios actos. Los pensamientos se me congelaron al escuchar mi celular sonar
nuevamente.
-
¿Aló? – Esta vez estaba bien despierta asique
pude leer quien era. Logan.
-
¡Hey!, tú chica sexy… ¿No vienes? - ¿Chica sexy? Esto estaba mal.
-
No… no iré… estoy agotada.
-
Qué habrás hecho el fin de semana, ¿eh? – Su
tono sarcástico era evidente.
-
Cállate.
-
Bueno… solo te llamaba para informarte que hoy
después de clases voy a tu casa – ¿¡What the f…!? Pensé.
-
¿Qué mier…? ¡No! No puedes venir. No te he
invitado – Aclaré confusa y algo enfadada.
-
Por eso voy a ir… además que no te estoy
preguntando, nos vemos – Su risa se escuchó antes de colgar.
¡MIERDA! Maldije una y mil veces mientras me retorcía en la
cama. No podía arrancar. Ni para escapar de alguien tenía ganas. Incluso si ese
alguien era Logan Parker.
Ya eran las 12:30 y ni me había dado cuenta. A pesar de
esto, para mí el tiempo pasaba incluso más lento que de lo normal. Podía estar
sentada una hora y mi cabeza maquinaba qué habían pasado semanas estando allí.
Cada segundo, cada minuto que pasaba lejos de él, mi corazón tenía una razón
menos para seguir latiendo. Ya nada me parecía emocionante. Todo perdía brillo…
más rápido de lo que imaginaba.
Me levanté recién a las 2. Mi cama había sido mi amiga este
último tiempo. Me quedé allí, acostada sin hacer nada. Ni siquiera pensar,
porque era lo que más me dolía hacer. Recordar era una llaga que se internaba
fuerte dentro del vacío y que dificultosamente se movería si dejaba que se
quedara. Y no solo se permanecía dentro de mí pecho, si no que ahora también se
estaba apoderando de mi vida.
Fui a la cocina para ver si me daban ganas de comer algo.
Había café, té, galletas, panqueques… panqueques,
me repetí. Algo que si estuviera con ánimos, incluso sin hambre, hubiera comido.
Uno mis snacks mañaneros preferidos.
Otra cosa más que había agregado a mi lista
de cosas favoritas olvidadas. Vi todas las cosas habidas y por haber, y
nada llamó mi atención. O mejor dicho, nada llamo a mi apetito, así que tomé un vaso con agua y me senté en el sillón de
la sala a ver televisión. La verdad es que no sé si estar medio sentada, con la
cabeza en otro planeta… era estar viendo tv. El sorbo de agua me llenó
inesperadamente el estómago. Me levanté y fui al baño. Me duché y me vestí
mecánicamente. Vi la hora y eran las 3. ¡Dios! ¡Qué horror! Llegaría dentro de
poco. Logan no vivía tan lejos de mí y eso... no era de mi agrado. Menos ahora, pensé.
Haciendo nada me dieron las 3:30. Mi teléfono fijo sonó. Contesté
a trompicones.
-
¿Aló? – Desde la otra línea escuché el tono de
timbre de William.
-
Hola Estefanía, te vienen a ver, el señor…
Logan.
-
Dile que me espere abajo, ¿sí? – No iba a
dejarlo subir, ni loca.
Me vestí con unos jeans antiguos, una polera amarilla y un
polerón con cierre blanco. Tomé mi bolso viejo, con las llaves en la otra mano.
Salí sin voltear y bajé en el ascensor. Al llegar, lo primero que vi fue a
Logan sentado en la recepción. Se levantó al escuchar el ascensor y se acercó a
saludarme.
-
¿No tienes frío? – Preguntó tomando mis manos
con unos guantes gruesos.
-
No hagas eso – Me quejé sin mirarlo a la cara.
-
Ok… lo siento ¿sí? Pero abrígate… – No me soltó.
-
Estoy bien así… ¿A Dónde vamos? – pregunté
acercándome a la puerta y desasiéndome de sus manos.
-
Te hice un almuerzo – Repuso con una sonrisa y
abrió la puerta. Salí con las miradas de William encima.
-
¿Qué? – Cuestioné asombrada con la boca abierta.
-
Lo qué escuchas. En mi casa no hay nadie y el
almuerzo está listo, ¿No me dejaras solo, cierto? – Arqueó una ceja.
-
Logan… - Me rasqué la cabeza – ¿Por qué no
salimos a tomar un helado? – Me acerqué
a él para tratar de persuadirlo.
-
Eso no sirve conmigo hermosa, así que vamos – Se
movió un paso más y me esperó desde lejos. Tome aire.
Caminamos. Su casa no quedaba lejos de la mía, así que no
fue gran hazaña. Me conversó de cómo estuvo el día en la universidad. Lily
estuvo con Jorge y los demás. Todos preguntaron por mí. Incluso Michael.
-
Ese Michael… no me cae nada de bien – Su voz se
pudrió y miró al suelo.
-
Es un buen tipo – Me negué a su desaprobación.
-
¿Mejor qué yo? – Me sonrió y me tomó mi chaqueta
para acercarme a él.
-
Logan… basta. En tú cabeza nadie es mejor que tú
– Iba a mirar el suelo, pero él no me dejo. Tomó mi cara con ambas manos. ¿Qué
estaba haciendo?
-
Sólo tú eres mejor que yo… – No pude evitar
tomar sus manos para qué las alejara.
-
Ok… eso es… lindo – Dije sacando sus manos de mi
rostro, a momento qué él las tomaba.
-
Estás helada.
-
No siento el frío. Me gusta.
-
Hay mucho qué debo aprender de ti – Añadió sin
soltar mi mano.
-
Logan… por favor – Musité sin moverme, algo
disgustada.
-
Por lo menos déjame intentarlo. Te dejaré en paz
si no veo resultados – Sus ojos se posaron en los míos y esta vez, su voz sonó
seria. No dije nada. Seguimos caminando cada uno por su lado. Él siempre por
delante para ayudarme en alguna acera mal puesta o para saltar alguna posa de
agua.
Ya habíamos llegado a su casa luego de 20 minutos. Su casa
era muy grande y hermosa. Su patio estaba perfectamente podado y la pintura de
las paredes era color rojo intenso.
-
Pasa – Logan me estiró la mano para que la tomara.
En vez de eso me acerqué para cruzar la enorme puerta.
-
No muerdo – Afirmó seguido de un guiño de ojo.
-
No te tengo miedo Logan – Agregué al tiempo que
admiraba la enorme casa.
-
Eso me gusta – Logan se acercó a mí, tanto qué
me puso nerviosa.
-
Eh… tengo hambre – Admití para distraerlo.
-
La comida está lista, ven – Caminó hacia la
cocina. Lo seguí hasta sentarme en frente una mesa redonda. Me sirvió un plato
con fideos que de vista se veía delicioso.
-
Gracias – No saqué la vista del plato. De verdad
tenía mucha hambre.
-
Creo qué te gustó – Musitó al notar que empecé a
comer rápidamente. Sentía como mi estomago recobraba vida y fuerza. Suspiré.
No hablamos hasta acabarnos los platos.
-
¿Qué quieres hacer ahora? – Preguntó acercándose
a mí.
-
No lo sé… - De verdad no sabía.
-
Tengo películas… excepto de Johnny Depp… él no
me gusta mucho – Su nombre. Un
cosquilleo recorrió todo mi cuerpo. Los latidos de mi corazón se aceleraron y
sentí como el agujero de mi pecho rugía. Miré hacia abajo y traté de recobrar
el aliento.
-
¿Qué películas tienes? – Logré articular,
tragando saliva.
-
De terror y… románticas – Hizo un énfasis en esa
palabra. Yo no quería nada de romanticismo con logan, así que evadí su presunta
elección.
-
De terror… sangre y zombis… eso me gusta – Mentí
pero al parecer la idea lo convenció.
-
Bueno… sí eso quieres… hay que subir – Se
adelantó a las escaleras y comenzó a subirlas.
Yo lo seguí hasta llegar a una
sala con un televisor plasma y con una cama matrimonial. Los ventanales estaban
cubiertos por unas cortinas blancas, qué dejaban entrar la poca luz de un día
de invierno. Al lado del televisor, un estante con al menos 20 películas
diferentes, además de historietas y otras cosas de jóvenes inmaduros como lo era logan. Esto no se comparaba con el
cuarto de Johnny. Johnny le entregaba a cada lugar qué fuera, su vibra
especial. Algo que… nada más lo hacía él.
-
¿Te gustó el cuarto? – Preguntó recostándose en
la cama. Sus ojos no se despegaban de mí. Me giré para verle la cara. Sonrió
tanto, qué las comisuras de sus labios se elevaron junto con sus cejas.
-
Sí… está genial – Sabía qué su rostro expresaba
algo más que una simple pregunta por qué detrás de esta se escondía algo más. A
Logan muchas veces le jugaba en contra ser tan evidente. Pero no podía caer en
su juego. No podía.
-
¿Estás cansada? – Escuché muy cerca de mí. Eso
hizo qué me exaltara, ya qué no me había dado cuenta cuando comenzó a masajear
mis hombros.
-
No… - Mentí. Ya qué sentía mi cuerpo tan o más
duro qué una roca.
-
Pues no se nota – Comentó acariciando mis hombros
– Estás muy estresada, ¿Te ocurre algo? – La pregunta del millón.
-
No… no me ocurre nada – Respondí volviéndome a
su cara. No me había percatado de qué estaba tan cerca. Agaché la cabeza
tratando de mantenerme en blanco.
-
Hey…
tranquila – Sentí a sus manos tocar mi mentón y levantarlo. Hizo qué lo mirara
a los ojos. Sus ojos cafés no hicieron qué mi cabeza diera vuelta cómo lo qué
lograba Johnny sin esfuerzo alguno. Me quité del lugar.
-
¿Podemos ver la película? – Le dije mirando la
pantalla. Él se convenció y colocó el CD.
La película se pasó muy lenta.
Pero en especial para Logan. De vez en cuando bostezaba y me preguntaba si
quería algo para comer. Nada muy entretenido.
2 horas después, decidí irme.
Bajamos las escaleras y me dirigí a mi bolso. 1 llamada pérdida de Michael, 2
de Adrien, 2 de Lily y otras 2 de Jorge. ¡POR LA PUTA!
-
¿Estás apurada? – Preguntó al percatarse de mi
expresión después de ver mi celular.
-
La verdad es qué sí…
-
Ok, te dejaré en tú casa – Contestó algo
cabizbajo.
-
Hey… gracias, enserio la pasé muy bien, pero…
-
No quieres nada conmigo – Su respuesta fue tan
certera qué hasta casi me daba pena mirarle a los ojos.
-
Logan… mi corazón no está completamente… vacío –
Su cara ahora mostraba su lado extrañado. En sus ojos podía ver la rabia
acumulada.
-
¿Qué? O sea, ¿Es verdad qué estás saliendo con
alguien? – Sus facciones se crisparon y sus cejas se juntaron en forma de V.
-
Es todo muy complicado Logan… No entenderías
nada – Mi voz sonó agitada.
-
¿Ah sí? ¿Cómo estás tan segura?
-
Solo lo sé y no diré nada, ahora me tengo que ir
– Me percaté de qué no me siguió a la puerta, si no que se quedó inmóvil
mirando el piso brilloso del salón.
-
¿No me acompañaras? – Pregunté tragando saliva.
Él no respondió.
-
Ok, nos vemos – Musité y salí enojada dando un
portazo. No sé si sentía rabia conmigo misma o con su actitud inmadura. Ambos
factores estaban poderosamente ligados en esta situación.
Llegué al departamento alrededor
de las 7. No hablé con William y sólo subí las escaleras pisando fuertemente
cada escalón. Logan era un cretino. Él no se merecía ni siquiera entender mis
pensamientos y menos las emociones qué me atormentaban.
Llegué más rápido de lo que pensé
a mi puerta y busqué las llaves con brusquedad en mi bolso. Al abrir la puerta,
comencé a ordenar mi bolso para mañana. Debía ir al instituto, por lo menos
intentar mantener alejada mi mente de todo lo que hoy pasó. Aunque… sabía que
eso sería casi imposible.
Mi celular sonó. Casi se me
olvidaba qué tenía 7 llamadas pérdidas. Era Michael.
-
¿Michael? – Mi voz interrogativa al parecer lo
asustó.
-
Si… ¿Estef? ¿Cómo estás? ¿Te molesto? – Fueron
muchas preguntas para mi cansada cabeza.
-
Sí, soy
yo… - Logré articular de manera confusa.
-
¿Mañana vas? – Su voz se escuchaba temblorosa,
pero firme a la vez. Un débil tratando de parecer fuerte.
-
Sí, claro… ¿Quieres hacer algo? – Esa pregunta
no la esperaba. Se me salió de la boca atropellándose contra mi aliento.
-
¡Para eso te llamaba! – Se rió – Mañana habrá
sol y… mi patio está recién podado… ¿Quieres venir? – Esa idea me gustaba.
Michael era todo lo opuesto a Logan. Un chico sensible y mucho más apático que
cualquier otro.
-
Claro… mañana me buscas en mi sala, la 14 – Aún
no conectaba completamente mi cabeza a mi boca. Pero estaba decidida a traer
más buena vibra a mi semana.
-
Claro, mañana a las 5 fuera de tu sala – Sentí
su voz en medio de una sonrisa y un suspiro al final de la frase.
-
Ok, nos vemos – Dijo lo mismo y ambos colgamos.
No sabía si era la mejor idea qué
mi mente había maquinado, pero ya estaba hecha y puesta en la mesa para ser
digerida. Las ganas debía hacérmelas. Johnny me hubiera querido ver feliz… y lo
iba a intentar. Aunque sin él, la felicidad nunca sería completa.
Exelente Capitulo Quiero leer mas pero habra que aguantar hasta el otro viernes :( Pero nada que decir Muy Bueno y muy interesante tu FanFic del mejor actor del mundo :D
ResponderEliminarQue lindo comentario! y lo siento mucho! de verdad! Prometo volver con todo y recargada. No sé como pedir disculpas, solo tendría que dubir más caps -hace un puchero-
EliminarEspero con ansias el otro cap ..... X)
ResponderEliminarOhh...nos tienes muy abandonadas stefy ... Ya extraño los cap.... X)
ResponderEliminarOh, cariño, aún sigues allí? Dios, lo siento, nunca termino de escribir, y había tenido algunas complicaciones, prometo volver con todo, está bien?
EliminarDios, ojalá respondas Adry. Si no quieren seguir leyendo, lo entenderé :( -se encierra en su habitación-
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