Perdóname.
Capítulo III
A la mañana siguiente, vi a mi lado a Johnny. Debería haber
estado enfadada por haberme dejado ‘plantada’
anoche, pero debía entender que su trabajo era duro y no era nada de fácil.
Además que, para que estamos con cosas… me era imposible enojarme con Johnny
Depp.
Me miró, y yo me di vuelta en señal falsa, claramente, de
que estaba molesta. Quería ver su reacción, de qué forma abordaba el tema.
-
Linda, quería… pedirte disculpas, fui un
estúpido al dejarte sola. Se me pasó el tiempo y te juro que se me olvidó por
completo – En esta última frase, ya estaba frente de mí, arrodillado de una
forma más que teatral y romántica, mirándome a los ojos con una ternura, que si
fuera pecado, sería imperdonable.
-
Johnny, basta. – Agaché a cabeza avergonzada,
mientras sentía sus ojos arrepentidos sobre mí – Lo entiendo, no hay nada que
tengas que explicar – Me pregunté si había sido muy dura, porque me calló el
arrepentimiento pesadamente sobre mis ojos, otra vez.
-
Creo que…
No lo escuché. Lo abrasé con fuerza y lo besé
apasionadamente, sin decir palabra alguna. Lo acerqué bruscamente hacia mi
cuerpo, sin quitarle los labios de encima. Me olvidé de todo lo que anteriormente
sentí y me concentré en sus carnosos labios. Tomándole el pelo, me senté en la
cama y el quedaba en posición paralela a mí, frente a mí. Mi pijama era un
vestido cortísimo, asique fácilmente se deslizó hacia arriba. Johnny tocaba
ahora mis desnudas piernas, haciendo que un hormigueo que recorrió todo mi
cuerpo, desde la punta de los pies, hasta el final de mi pelo. Era una
corriente fantástica que por lo menos la había sentido 120 veces desde que
estoy con Johnny. Al parecer se sentía culpable, asique no dijo ni palabra de
que estaba atrasado y tenía que irse. No lo dejaría hacer eso. Pero al parecer
ni lo pensó y eso me hacía sentir aún más afortunada.
El juego continuó hasta poder ambos quedarnos sin prenda
alguna. Yo le sacaba su polera, él el brasier por debajo del pijama. Me reía nerviosa al sentir el jugueteo de sus
manos en mi cuerpo. Él sonreía, sonreía traviesamente. Nuestras miradas no se
encontraban en ningún momento, no quería estropear el clímax poniéndome roja de
vergüenza. Él tampoco hacia esfuerzo por mirarme, solo complacerme, lo merecía
¿no?
Mientras el placer seguía creciendo, sus brazos me
impulsaron hacia atrás con una fuerza imponente. Él me besaba el cuello y yo lo
abrazaba vigorosamente, como si el mundo fuera a acabarse. Lo disfrutaba a cada
momento, cada segundo era un comienzo, algo nuevo.
Sus brazos fornidos los sentía apegados al cuerpo, con ese calidez
que solo Johnny emitía cuándo estábamos
juntos, tan cerca, como ahora. Sus besos me quemaban, pero de una forma masoquistamente
necesaria e irresistible. Me sentía débil cuando él me tocaba, pero a la vez
fuerte, fuerte más que nunca. Sentía que me derretía cada vez que me tocaba.
Sentía que era capaz de todo cuando estaba con él. Johnny me entregaba una
fuerza interior difícil de explicar, difícil de especificar y al parecer
imposible de describir.
El reloj dio un pitazo en señal de ser las 12 del día. Yo no quería separar mi cuerpo del suyo,
porque me sentía protegida. Sentía que todo lo que pasaba tenía su qué.
Una parte de mí quería decirle que deseaba ser suya,
completamente. Ya sé… ustedes dicen, pero ¿Cómo? O sea que… ¿No hicieron… eso?
Les respondo. No. Todas estas cosas descritas no son sexo explícitamente, sólo
son toqueteos, caricias, y besos apasionados. No creo que él hubiera querido ir
tan rápido como yo… sabiendo que no estaba lista para tal electroshock de
sentimientos y emociones, que podrían llevarme a un hospital fácilmente. Aunque tengo que reconocer algo: Lo que más
quería en la vida era que Johnny se pusiera como loco y me obligara a hacerlo,
de verdad, no saben de qué forma quería eso, pero no. Aún no. Esa barrera
estaba intacta.
Johnny se detuvo, y abrí los ojos alarmada. ¿Se arrepentía
de algo?, ¿Tenía que irse? No, por favor nada de eso. Le seguí mirando,
afirmando contra mi pecho la sábana blanca, mientras él me tomaba la mano, y la
besaba, fijando sus brillosos ojos en los míos. Yo, lo miraba con dulzura, lo
amaba demasiado. Él me seguía mirando, pero esta vez paró de besarme y se quedó
inmóvil, algo serio. Lo delataban sus cejas, algo arrugadas. Un gesto que hacía
cuando estaba recordando algo o… pensando.
-
No me mires así – Le dije al sentarme en la
cama, aún tapada hasta el pecho.
-
Debo decirte algo… - Susurró.
Me sentí… mal. Mi estado de ánimo cambio tanto que me
preocupe de cómo se estaría viendo mi cara. Sus ojos mostraron una preocupación
que antes nunca había visto. Me asusté. No sabía que había hecho mal, o… no
sabía lo que pasaba fuera de mí. Porque dentro… era completamente feliz.
-
¿Hice algo mal? Porque si es así… debes decirme
qué es, porque no… no entiendo… yo… – Susurré igual que él, pero después mi voz
de debilitó, y empezaron a caer lágrimas de mis ojos hasta mi boca, pasando por
mi nariz.
-
¿Crees que has hecho algo mal tú? Amor… yo soy
el idiota que no sabe lo qué hace… debes perdonarme. Me gustaría hacerte mía y…
despertar todos los días contigo a mi lado… no sabes lo feliz qué me haría…
poder… hacer eso. – Su voz sonó frágil también, y sentí como sus manos
limpiaban mis lágrimas.
-
Yo… entiendo qué esto es difícil… lo entiendo.
Te… daré tu espacio si… eso quieres – Mi voz ya quebrada anteriormente sonó
aguda y gracias al aire que quedaba en mis pulmones pude emitir la última
frase.
-
Oye – Me tomó mi cara con sus dos manos y me
miró a los ojos – te quiero mucho, mucho y eso nadie lo cambiará. Sólo quiero
que ambos… veamos si podemos salir adelante con esto, ¿entiendes? No te pido
qué hagamos un borrón y una cuenta nueva, sólo que… intentemos… - Tomo aire –
solo que intentemos llevar nuestras vidas.
-
Lo sé… yo te amo y eso no lo cambiarás ni con
mil mentiras, ni con mil errores. Y quiero que lo sepas…perdón yo… – Corregí
sacudiendo la cabeza, aún sin entender completamente lo que acababa de decir.
Ahora me miraba con los ojos llenos de lágrimas, a punto de
soltar el llanto. Yo lo miraba, pero… intentaba no hacerlo. No quería que
llorara… conmigo era suficiente. Me acerqué al baño con la sábana arrastras,
logrando zafarme de sus manos y cerrando la puerta desganada totalmente. Hice
un nudo con la tela para que así no se cayera. Me senté en el retrete, con las manos en mis
ojos, mojadas, húmedas de tanto recoger lágrimas. De pronto, sentí unos jadeos.
Era él. Johnny tocaba mi puerta, calmadamente, pero llorando.
-
¡Perdóname! Soy un imbécil, ¡soy un completo
imbécil! Y tú no te mereces esto… te juro que… haría cualquier cosa para que no
votaras ninguna lágrima y menos por mí. Eres hermosa y te juro que no me
arrepiento de nada. Lo que pasó en el ascensor y lo que ha pasado en esta pieza
ha sido lo mejor, y lo haría mil veces más. Porque me gustas, ¡Me gustas mucho!
Su voz sonaba afectada y mi cuerpo lo sintió así que sin
pensarlo, abrí la puerta.
Él estaba allí parado frente a mí, mirándome, con esos hermosos
ojos… rojos e hinchados pero que de igual manera mostraban ese brillo peculiar.
No pude ni quise evitar acercarme a su cuerpo.
-
Bésame – Le dije mirándolo a los ojos, con una
lágrima cayendo por mi mejilla derecha.
Él me miro, aún con los ojos llenos de lágrimas. No esperaba
nunca que esto le afectara más a el que a mí. Debía ser porque yo… aún no lo
asimilaba.
Dispuesto a seguir mi
orden, se acercó tomando mi cara con sus manos, mecánicamente mirando mi boca.
Él no se daba cuenta que eso me volvía loca y lo hacía parecer muy difícil, entonces
percaté en sus gestos lentos que lo era en ese momento. Se acercó, arrugando la
frente y me besó… me besó dulcemente sin alejar sus manos de mi rostro.
Le tomé la cintura, entrelazándolo con mis brazos y me puse
de puntillas. Yo presionaba sus labios contra los suyos, papel que siempre lo
dirigía Johnny. Sentía que estaba débil, y que no era un buen momento para ser
sexy ni seductor. Tampoco esperaba que lo hiciera. No quería hacer esto más
difícil de lo que ya era. Toqué su pecho y me separé, sin mirarlo a los ojos. Él
me abrazó efusivamente, dándome un apretón, sintiendo como caía una lágrima suya
en mi hombro. No podía alejarme de él. Ese abrazo era uno de esos de los que no
puedes escapar. De esos con sabor a… despedida.
Lo sentí de esa manera. Como una… separación. De solo
imaginarme esa palabra, me estremecía horriblemente. Siempre he dicho que las
separaciones son el camino más fácil y cobarde de escapar de los problemas.
Pero esto, tenía un singular matiz. No éramos… nada. ¿Cómo podía pedir
explicaciones?
Dificultosamente, intenté separar de mi corazón lo que en
este minuto me tenía apegada, casi amarrada a sus brazos, a su cuerpo. Él me
entregaba algo innegable, un calor, una protección y una seguridad evidentemente
necesaria para mí. Algo que… nadie más lo hacía ni lo había hecho.
Al intentar liberarme, y apartarme de su lado, no hubo
resistencia alguna. Al parecer el estaba en mi misma posición. Ya teníamos
suficiente con todo lo que nos ocurría, asique dejando mi mente en blanco,
perdón, intentando dejar mi mente en blanco, solté;
-
Es mejor que me valla… - Susurré débilmente.
-
Llamaré a un taxi… porque creo que no quieres
que… - Ya sabía lo que iba a decir, asique antes de escucharlo y caer rendida
ante tal oportunidad, respondí.
-
No… no te preocupes, es… preferible así – Mi voz
sonó entrecortada. Estaba a punto de cortarme las cuerdas vocales. Las palabras
dolían más que todo. Más aún, lo que se escondía detrás de estas. Un
sentimiento.
Johnny me miró, pero yo no a él. No quería llorar de nuevo.
No quería arriesgarme y quedarme, y hacer caso omiso a lo que él me pedía.
Escuché como sonaban las teclas de su celular, pidiendo comunicarse con un
taxista. Por fin atiné a dar algunos pasos y tomar mi ropa tirada en la cama.
Entré al baño con agilidad.
El espejo fue el primer enemigo. Mi cara parecía un trapo,
un trapo que había sido utilizado para limpiar una mansión entera. El rímel
estaba corrido, la sombra, ya no estaba y mi brillo era casi invisible. Me dispuse
a colocarme mis prendas rápidamente, ya que sabía que el auto vendría en cosa
de segundos.
Salí del baño con la cabeza baja, mi pelo estaba
horriblemente indecente y solo lo baje con las manos. No tenía ganas ni
siquiera de arreglarme. Johnny en cambio, al salir, me miraba como si yo fuera
una escultura hecha por el mismo Picasso. Actué como si no lo hubiera notado.
El taxi había llegado, y me di cuenta al escuchar el típico
sonido de los autos en Nueva York. Traté de agarrar mi bolso con rapidez, pero
Johnny fue más rápido. Lo tomó y no me lo pasó. En ningún momento desvió la
mirada de mis ojos.
-
Gracias – le dije, levantando la mirada hacia
sus ojos, preparada para irme lo más rápido posible. Pero antes de caminar un
paso, el tomo mi brazo, cuidadosamente.
-
No te libraras fácil de mí – Su mirada se
tornaba seductora, como siempre.
-
No quiero librarme de ti – Dije al fin, casi
quitándome un peso de encima – Pero quiero que los dos tengamos cabeza y
corazón completamente conectados. Yo te amo, sobre todas las cosas y esto… de
verdad ha sido un sueño hecho realidad, algo que solo se llevaba a cabo en mi
cabeza, pero… ahora es real, ahora está pasando y no sabes las ganas que tengo
de besarte y de que vivamos juntos y armar un futuro, pero…. – Se me agudizó la
voz – No es tan fácil… Yo… quiero dejarte tu espacio y ver si esto puede ir más
allá, pero si no es así, créeme, no me alejaré de ti, no puedo… solo lo haría
si tú me lo pidieras… – Mis ojos miraban los suyos, con compasión, con un amor
incondicional. Él me acompañó tomando mis manos y besando mi frente dulcemente.
-
Nunca te pediría que te alejaras. Mi corazón
tampoco me lo permite. No eres cualquiera mi amor, Eres… especial. Creo que soy
demasiado egoísta porque solo te quiero conmigo… pero… soy tan estúpido que no
puedo pensar claramente – Agacho la cabeza.
Lo miré con una sonrisa agónica y sus ojos, al levantarse, mostraron
una angustia tan insoportable que sin pensarlo dos veces, lo abracé con avidez.
Sus manos ya no estaban tomando las mías, ahora estaban
alrededor de mi cintura, y eso me colocó en un estado sereno, implacable y
seguro. Johnny era todo lo que quería y todo lo que esperaba de alguien. Pero
él necesitaba tiempo, yo sabía que existía algo entre nosotros indiscutible, pero
sabía que su trabajo lo agobiaba y debía ser paciente, además de las ya
esperadas opiniones de sus colegas y/o manager, recordando que ese tema no lo
he tocado ni por nada del mundo.
Tocaron a la puerta y ambos nos separamos lentamente, sin
protestar. Johnny se acercó a la puerta y en su llegada, se encontraba un
hombre de cabello blanco y traje elegante. Su cara manifestaba tranquilidad y
calma, pero aun conservando ese aire de superioridad e indiferencia.
-
Señor, mi taxi lo espera – dijo el hombre sin realizar
algún tipo de movimiento.
-
Esta vez no es para mí, Adrien, es para una señorita – Johnny le entregó mi
bolso. La cara blanquecina del taxista pareció asombrada en cuanto alzó la
vista arqueando una ceja.
-
Linda…
- Johnny estiró su mano para que me acercase – Necesito que la cuides como si…
fuera mi vida Adrien – Su voz sonó seria y firme. Agaché la cabeza y sonreí. Él
se dio cuenta.
Luego de unos segundos, me percaté que ‘Adrien el rico’, como debía llamarse, nos miraba, y eso me puso
colorada, asique me alejé de él por unos centímetros y mascullé
dificultosamente;
-
Debo
irme…– Esas palabras salieron de mi boca
atropellándose una tras otra, quemándome la garganta de una manera insufrible,
pensando en que si de verdad fuera ésta la única opción.
-
Recuerda que… te quiero… mucho – Me dijo
sonriendo. Una sonrisa que no llegó a sus ojos.
-
Yo más – Murmuré al borde de las lágrimas, casi
en un susurro inaudible. Mis cuerdas vocales no daban para más. Tenía un nudo
dentro de ellas que milagrosamente me dejaba respirar.
Me dirigí hacia el ascensor, seguida por Adrien. Tras él, se
veía la anatomía del hombre que más amaba en el mundo, y al cual le debía la
felicidad de mi cumpleaños número 23. Él mejor de mi vida. Sus ojos fue lo
último que aprecié al agachar la cabeza, tras el cierre de la puerta. Sus ojos brillaban
y su boca formaba una sonrisa dulce. Lo amaba… y aunque sonará egoísta, él me amaba a mí.
La puerta se cerró tras unos segundos que se hicieron
eternos. Un martirio que salía desde mi fuero interno, hasta quemarme los ojos,
hizo en mi pecho, un vació doloroso. Como la hiel.
En un momento de desconcentración sumergida en mis
pensamientos, sentí la mirada de Adrien lo que decidí ignorar, siéndome
imposible después de su inesperada afirmación.
-
Se nota que… están enamorados. Se les nota en
los ojos… a ambos – me dijo extrañamente sonriente Adrien. Tiene sentimientos,
pensé. No lo esperaba.
-
Lo amo… – Suspiré.
-
Creo que eres la clase de mujer que Johnny
necesita. Una mujer capaz de entender y pensar que es lo mejor para ambos. No
siendo egoísta ni una desmesurada gentileza con patas – Eso me hizo reír – Johnny
es un hombre que necesita contención de quienes quiere, y sabe que con usted la
ha encontrado. No la dejara ir fácilmente – Recordé las palabras de Johnny… no te libraras fácil de mi.
-
Una parte de mi, dice que lo sabe… – dije casi
sin aliento.
-
¿Y la otra?
-
Qué está mejor sin mí… - Agaché la cabeza y una
lágrima cayó nuevamente.
-
No piense eso. Además qué pasará lo que tenga
que pasar. El destino tira las cartas, nosotros las jugamos – Esa frase siempre
me ha gustado mucho y le he encontrado mucha razón, pero para esta ocasión, me
preocupaba. Sus palabras sonaban tan convincente que hasta yo creía con certeza
que era así. Levanté la cabeza, con una débil sonrisa, acompañado de mis ya
usuales ojos llorosos.
Él se acercó
abrasándome y acercándome a su pecho. Lo encontré tan dulce. Tan paternal, que
correspondí a su abrazo. Era… como el abuelo al que nunca conocí. Como al
abuelo del que no tengo memoria alguna. Lo sentí familiar y cálido.
El ascensor se detuvo en el piso correspondiente al nuestro.
Nos separamos, pero él contenía aún mi brazo apegado al suyo. Al llegar al
auto, el abrió mi puerta trasera. Entré agradeciendo, con una lágrima húmeda
cayendo de mi rostro. Él sonrió y caminó hacia su puerta. Al entrar, encendió
el auto con agilidad y partimos.
-
¿A dónde vamos señorita? – Me dijo sonriendo.
-
Lexington Avenue – Dije sin
moverme de mi asiento.
-
Una avenida muy transitada la
suya – Me dijo doblando una calle ancha.
-
Sí, eso he visto – Mascullé
cansada y sin aliento.
Habíamos llegado muy rápido. Era
día domingo, 12 de la tarde y no era raro que transitara poca gente. Se
estacionó en un aparcamiento vacío y se bajó a abrirme la puerta.
-
Gracias – Me bajé del auto, esperando a que
cerrara.
-
Estoy a sus órdenes desde ahora – Me dijo con
las manos en la espalda, sonriendo sin ser exagerado.
-
¿Qué? No no… gracias, pero eso es todo – Dije
algo confundida.
-
Johnny ha dejado expresado que desde ahora, soy
su chofer personal.
-
Pero… Adrien yo… - No me dejó acabar la frase.
-
Nada de peros señorita, si tiene quejas hablé
con el dueño del corral.
-
No tengo… problemas, al contrario. Pero… creo
que no debería aceptar esto, no es necesario. Yo… ¡ah! Tú sabes que prefiero
dejar las cosas así… si lo llamo no podré cortarle sin decirle ‘Quiero volver’. – Aguanté las lágrimas
que se asomaban por mis ojos.
-
Entonces… tendrá que acatar órdenes – Me miró
sin dejarme otra alternativa.
-
Ok… - Dije resignada – Creo que… está bien.
-
Además que creo que él fue muy claro cuando me
dijo ‘’ Necesito que la cuides como si… fuera mi vida’’,
¿No cree usted? – Me miró levantando una ceja.
-
Eso creo – Sonreí para mí, recordando su voz al
decir esas palabras.
-
Bueno, aquí está mi teléfono, estoy disponible
las 24 horas del día – Me dijo entregándome una tarjeta de presentación que
decía:
Adrien Simpson
Teléfono: 8612679.
Asistente y conductor del día.
¡A su orden!
-
Gracias Adrien, de verdad – Le sonreí
decaídamente.
-
No debería estar triste. Esto no ha terminado, y
debería sonreír porque está sucediendo – Aunque sus palabras fueran tan ciertas
que el agujero de mi pecho gritaba adolorido, no pude sonreír ni siquiera
débilmente como lo había hecho hasta ahora. Me estiró la mano a lo que negué y
me acerqué para abrasarlo. Me aguanté las lágrimas que estaban a punto de salir
desbocadas.
-
Gracias… por todo - Le dije alejándome hacia la
recepción del edificio.
Me hizo un gesto con la mano y entró en el auto. Al parecer
me había equivocado. Era un hombre increíble. Debe ser muy amigo de Johnny como
para haberme hablado de tal forma.
Abrí la puerta y allí estaba William. Yo tenía los ojos
hinchados y rojos. Claramente cerca de un llanto infernal.
-
Buenas tardes señorita – Su voz fue decayendo a
medida que se daba cuenta de mi aspecto – Ha… ¿Pasado algo? Estefanía… ¡¿Estás
bien?!
-
Hola Will, no grites por favor… estoy bien –
Evidentemente no se trago mi mentira.
-
No le creo… ¿Quieres que llame a un médico? – A un médico, pensé… ¿Tan mal me
encontraba? Emocionalmente estaba hecho un asco, pero eso no era algo que se
evidenciara a la vista…eso creía – Estoy bien Will, no… te preocupes ¿He tenido alguna llamada?
-
Sí… Jorge… Hallen te ha llamado. Dijo que te
comunicaras con él apenas llegaras – No me importó en lo absoluto, hice una
mueca. Me encaminé hacia el ascensor ya abierto, y corrí para alcanzarlo. Entré
con rapidez y presioné el número correspondiente a mi piso.
Al llegar, abrí la puerta y entré. Fui a la cocina, dejando
atrás mi bolso con cosas. Me serví un vaso de jugo helado que estaba dentro del
refrigerador y comencé a llorar. Sentía el estómago vacío, pero no hice nada al
respecto. Corrí hacia mi habitación, acostándome en mi cama sin ganas de nada.
Por un momento se me había olvidado como respirar. Me agité desesperadamente
hasta que recobré el aliento. Maldecía de todas las formas posibles. Nunca me
había odiado tanto en mi vida. Me sentía fatal.
El teléfono sonó. Su sonido me enfermaba tanto como el
sonido de mi voz.
-
Hola… ¿Estef?, ¿Cómo estás? – Dijo muy animado.
-
Estoy viendo una película y… me emocioné
demasiado creo – Mi actuación fue
convincente, me dije a mi misma.
-
Creo que esas cosas te pasarían a ti… - Agregó
riendo – Tú portero dijo que no habías
vuelto anoche.
¡DIABLOS! Pensé, ¿Cómo puedo
tener un portero tan entrometido?
-
Sí… fui a
dormir a la casa de mis padres, tú sabes… por mi cumpleaños – farfullé felicitándome
a mi misma por la buena interpretación.
-
¡Ah! Claro… em, te llamaba para invitarte a
salir… bueno, en realidad es una junta, ya sabes de estudio… - corrigió algo
nervioso, buscando las palabras adecuadas.
-
¿Salir?, ¿Junta?, No estoy segura, estoy muy
cansada… ¿Para cuándo sería? – Intenté parecer interesada.
-
Para mañana por la tarde, después de clases…
¿Tienes planes? – preguntó con ansiedad, esperando un no como respuesta.
-
La verdad es que, no estoy segura, pero te
aviso… en el colegio ¿Puede ser? – Dije desconcentrada.
-
Claro, claro, no hay problema, incluso si
quieres te… voy a buscar, está arreglado mi auto – Me dijo con tono triunfante.
-
¡Oh! Eso está genial, oye… hablando de salidas,
¿Te invitó Lily a una fiesta ayer? – Dije tratando de ocultar la pregunta que
no quería responder.
-
Oh, sí, fuimos juntos… y con más compañeros de
clases, ya sabes, fue…. Estuvo bien- Su voz no sonaba para nada convencida.
-
Me alegro, enserio… Lily siempre tiene buenos
panoramas – Convine, tratando de cambiar el tema.
-
Si… es una buena compañera de parranda – respondió
riéndose.
-
Si… Bueno, estoy a mitad de la película… tú
sabes… ¿mañana nos vemos? – Acordándome de que era domingo. Lamentablemente…
-
¡Claro! Mañana
nos vemos, cuídate – Dijo alegre.
-
Ok, adiós – Fui muy cortante. Mis lágrimas
seguían cayendo. La idea de faltar mañana a clases aún pasaba por mi mente.
Ese ‘llamaba para
invitarte a salir… bueno, en realidad es una junta, ya sabes de estudio’,
tenía otro significado para él. Sabía lo que en verdad escondían esas palabras,
pero poco me importó en ese momento. No tenía porque… Ni quería explicarle que
no podía estar con él. Salir con él. Mantener una relación… menos ahora. Más
que nunca mi corazón estaba ocupado completamente. Además de eso, Lily era mi
amiga y se moría de ganas de salir con él. Para rematar, Jorge no era mi tipo.
Se alejaba a kilómetros de serlo. Era un buen tipo, simpático y gracioso cuando
hacía estupideces. Pero no era astuto ni suspicaz como lo era…. Él. Solo
podíamos ser amigos y hasta el momento, de los mejores. Lo único que pedía era
que no tuviera que explicárselo, al menos, no ahora.
Ese día no hubo nada nuevo. La verdad es que ya casi nada me
era entretenido después de ese nada casual encuentro con el hombre más sexy que
mis ojos habían visto, y esta vez no era atreves de una pantalla gigante como
las del cine ¡No!, era en carne y hueso. Me quedé acostada desde que hablé con
Jorge. No quería saber nada más de nadie más.
Ahhhhhh...estefy ...q puedo decir ..ame el cap....y a la vez lo odie...me explico..lo ame porq me has sacado mas suspiros y lagrimas q nadie...y lo odie..porq como ya te dije llore y sufri a la par de la de la historia..relataste tal sufrimiento con una belleza inexplicable....yo nunca he estado en esa situacion..pero juro q lo senti como un recuerdo mio....senti el dolor ....ahhhh....bueno q te puedo decir estoy desvastada...... Enhorabuena..... Y sabes para serte honesta solo habia sentido ese dolor con una novela q lei q se llama los ojos de mi princesa..esa novela me marco para siempre....xD ..espero el siguiente cap...con ansias..... Spero no agoviarte ni aburrirte con mis sentimentalismos.....xD
ResponderEliminarGRACIAS! Ahora subo nuevo cap<33333333333
EliminarORDENO QUE SUBAS NUEVO CAPI!!!!!! Bueno no, no ordero pero si quisiera que subieras esta muy bueno el cap el fic en general AH SIGUE SIGUE SIGUE
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